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Aerolíneas de menor costo… y calidad

jueves 09 de agosto de 2012, 20:51h
Llegan las “vagaciones”. Dicen que a veces lo barato sale caro. Considero que si se trata de aerolíneas, al describir su mercado en México y al menos por el momento, la frase se acerca a la verdad en más de una ocasión, por no decir que lo es frecuentemente, si hablamos de aerolíneas de “bajo” costo. El mercado de aerolíneas en general no es barato y hay que reconocerlo.

Entiendo que el concepto que explica a las aerolíneas llamadas “de bajo costo” consiste en que el usuario pague por traslados, menos de lo que se suele cobrarse en grandes aerolíneas y que en ello lleve el beneficio directo a su bolsillo. Y como se apegan a la oportunidad y a la sorpresa, eso facilita los planes de última hora, en que aparecen como una opción para el viajero, cuando las grandes líneas están a tope. Hasta allí creo que todos coincidimos.

Pero pese a tales bondades, yo prefiero no llamarlas de bajo costo. Son de menor costo, que no es lo mismo y van que chutan. Lo de “bajo” no lo veo por ningún lado, pues en ello va el todo: servicio, monto real a pagar, puntualidad, atención durante el vuelo, asistencia, rapidez de embarque y desembarque y otros factores que son parte del mentado servicio al completo y en que muchas ocasiones hay abismales diferencias y notables distancias para mal, frente a las grandes líneas, que tampoco están para echar cohetes, ya se sabe.

Y es que hay aspectos que no alcanzo a comprender, por más que le doy vueltas, cuando se trata de analizar el panorama de la aviación mexicana. Hemos pasado de una aparente oferta amplia de estas aerolíneas a una concentración cada vez más notable y perjudicial para el bolsillo de los mexicanos. Es allí en donde pongo el acento, pues esa es la causa del deterioro de la presunta oportunidad que antes representaron y no es más. Nuestra oferta se contrae y han echado mano de explotar a su antojo la demanda. Habrá quien piense que es normal y no faltará quien se trague lo de “son políticas de la empresa”, pero ellas están resultando perjudiciales.

Con el supuesto bajo costo hemos pasado de los que en apariencia todavía son billetes de avión algo baratos, a las condiciones cada vez más abusivas en su obtención y en el respeto cada vez más escaso a sus costos “bajos”. Ya resultan muy pero muy relativos. Ya se tornan en verdaderas pifias y en muchas ocasiones, en verdaderas tomaduras de pelo. No solo eso: parece que estamos condenados a padecer mínimos servicios y viajes cada vez más “cacahuateros”. Sí, es que solo extienden cacahuates o cacahuetes como les llaman en España. No le dan agua ni la gallo de la Pasión. Claro, en viajes cortos a mí me da lo mismo y prescindo de ellos, pero denuncio esa calidad cada vez más precaria en perjuicio del viajero, que no puede pasarnos desapercibida. No por ser de “bajo” costo han de ser tan cuentachiles. Miserables.
Y lo digo porque parece que hay un conformismo, una postura comodina, que apela a no perder el caché y a evitar el no parecer chic por reclamar una atención mejor. O es que las aerolíneas tendrán derecho a decir que lo suyo es transportar y no matar el hambre. Si eso es, que lo digan y santas pascuas.

Independientemente del verano, y a ser previsible que el tráfico aéreo aumenta, a mi parecer el panorama mexicano en materia de aerolíneas está colapsado. Y lo está por la falta de mayor oferta de empresas que pudieran paliar los costos del billete de avión, se trate o no de aquellas de menor costo.

Teníamos las grandes empresas nacionales Aeroméxico y la veterana Mexicana de Aviación. En los noventa surgieron estas otras llamadas de “bajo” costo, que considero que hoy son más un ardid publicitario y que exageran en semejante clasificación. Más o menos se defendieron, pero cuando empezó la crisis de las aerolíneas a inicios de la década pasada, cerraron una a una las pequeñas, mientras las grandes y medianas (que eran más grandes de lo que parecían) se impusieron, hacían ya su agosto con los precios y las condiciones de vuelo, mientras evitábase la incursión de nuevas empresas pequeñas. El pasajero fue el que perdió, pues no se produjo una guerra de precios a la baja como gustan de pronosticar los amantes de las reglas económicas. ¡No, señor! Las que han quedado cada vez más parecen menos dispuestas a ofrecer mejor calidad, menores costos y un plus, encareciéndose sus servicios sobremanera.

Y una cosa es que en teoría el billete costara menos y otra añadir la carga de condiciones en aumento que cada vez más imponen, para seguir dando ese supuesto beneficio. No vale solo la aparente oportunidad, no es suficiente la publicidad que nos machaca que son de “bajo” costo. Muchas veces los precios son los mismos que en las grandes aerolíneas. ¿Cuál “bajo” costo?

Sigo. Por si faltara, al quebrar Mexicana de aviación, el mercado se contrajo más y el panorama se hizo más que sombrío para el usuario. No perdamos de vista al usuario. Y no lo perdamos de vista, puesto que mientras por verse chic no proteste, será objeto de malos tratos, de precios engañosos, de ofertas inexistentes o de verdaderas engañifas, retrasos abrumadores o calidad de servicio de quinta y nos seguirá sucediendo. Y es que no falta quien prefiera ser indiferente. Cierto, me han dicho amigos en las redes sociales que si te planeas el viaje, te favorecen aquellas. La cosa es que muchos no viajamos planeando vuelos, sino a la de sin susto y peor se la pongo: cada vez más resulta que conforme más te acerques a la fecha de vuelo (cosa imprevisible en muchísimos casos) se encarece el precio, al grado de pagar tanto como el de las grandes empresas. ¿Bajo costo? Usted me dirá.

Por si faltara, desde que Aeroméxico domina el mercado nacional, hace y deshace en el costo de los billetes al no tener competidor de peso y por secundarle el resto. Y todo ello en suma hace preguntarnos de manera inevitable: ¿de verdad son aquellas otras de bajo “costo”? ¿serlo implica disminuir su calidad y encarecer sus costos a la de sin susto, por ser “política de la empresa”?¿es válido todo ello para el usuario? No me convencen. No me acabo de tragar que en verdad siempre sean la mejor opción. Y lo peor es que están allí y no parece que haya remedio. Pero no me haga mucho caso. A lo mejor resulta que no soy tan chic por el solo hecho de protestar y la siguiente vez que usted se tope conmigo en el aeropuerto, prefiera disimular y mirar para otro lado. Pero sépalo: el día menos pensado seremos compañeros de vuelo.
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