Más allá de Ana Pastor y Alfredo Urdaci
viernes 10 de agosto de 2012, 20:09h
Cuando en 2004 el consejo de dirección de RTVE decidió despedir a Alfredo Urdaci como jefe de informativos de TVE tras la victoria socialista en las elecciones de marzo, la reacción del periodista fue la esperada: esgrimir sus numerosos premios, recordar los excelentes datos de audiencia y asegurar que lo suyo no era sino una persecución política que exigía cabezas visibles para colocar a los afines al nuevo gobierno.
Ocho años después, con Ana Pastor ha sucedido algo semejante y no es mi intención, en absoluto, comparar las trayectorias de ambos periodistas en los informativos de la televisión pública, entre otras cosas porque Ana Pastor no era más que la directora de un programa mientras que Urdaci lo era de todos los informativos de la segunda etapa del PP. Habrá quien considere que Pastor era mucho más objetiva y quien considere que, al contrario, llevaba al límite las ideas socialdemócratas cebándose con los líderes conservadores. No es la intención de esta columna comparar el trabajo de dos profesionales, sino resaltar un hecho común: la decisión de su despido (no su “cese”, como apuntaba Pastor en Twitter) no tiene nada que ver con el respaldo o no del espectador, esto es, del contribuyente, sino con el afán de convertir el ente público en una ramificación más del omnipresente poder político, colocar “a los nuestros” y dictar una línea editorial de partido más que de país.
Lo que tendríamos que hacer no es enzarzarnos en quién es mejor y más neutral, si Fran Llorente, Alfredo Urdaci, María Antonia Iglesias –sí, la idea del gobierno de Felipe González de alguien objetivo era María Antonia Iglesias- o Julio Somoano, sino protestar bien claro por la utilización de algo de todos como medio de propaganda de las ideas de unos cuantos. No puede ser, y tienen que entenderlo, que TVE, la mítica TVE, esté a merced de los bandazos políticos. Coloquen a una serie de profesionales que puedan mantenerse durante el tiempo y que resulten creíbles, que sepamos que no están ahí por su simpatía hacia tal o cual partido, aunque cometan errores ocasionales, como hacemos todos. Tiene que haber más periodistas como Ana Blanco, que lleva más de veinte años presentando telediarios sin que apenas se le asome una cana.
Trabajar juntos, o “arrimar el hombro”, como les gusta decir a los políticos en cualquier gobierno para criticar a los que no están de acuerdo con ellos, es un ejercicio que va más allá de levantar un dedo o dos en una votación parlamentaria. Tiene que partir de una idea común de país, un proyecto conjunto en el que se escucha a todo el mundo y se discute a partir de hechos. Trabajar juntos por España es, entre otras cosas, informar por España, contar las cosas sin vendas ideológicas, ponderando y dando los datos necesarios al telespectador o radioyente. La experiencia de años de televisión pública, tanto estatal como autonómica, nos hace pensar que, aparte del trabajo ejemplar de numerosos profesionales ajenos a todas estas marejadillas, el periodismo no se ve sino como otro ministerio en el que no hay que hacer país sino hacer gobierno.
Es un error enorme que va más allá de nombres concretos aunque esos nombres ocupen todas las portadas cada cuatro u ocho años. Si uno critica el despido de Ana Pastor y lo mejor que se puede objetar es “¡pues con Urdaci pasó lo mismo!”, es decir, el proverbial “y tú más”, es que hay un problema. De qué intensidad lo sabremos en breve, de momento dejemos trabajar, pero una de las líneas debe pasar sí o sí por la creación de un consejo independiente al margen de los partidos políticos. Como eso no tiene pinta de que vaya a pasar, no le cojan mucho cariño a Somoano: haga lo que haga, en cuanto pierda el PP, llegará otro.
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Escritor, analista y profesor
GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.
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