Morsi quita el poder político al Ejército
martes 14 de agosto de 2012, 01:16h
En un acto que ha sorprendido a propios y extraños, el presidente egipcio, Mohamed Morsi, ha pasado al retiro al mariscal Husein Tantaui, ministro de Defensa y todopoderoso jefe de la Junta Militar que gobernó el país tras la caída de Mubarak. La jubilación de Tantaui, símbolo palmario del poder del Ejército en Egipto, supone un órdago a la institución castrense egipcia, que Morsi ha completado con otras decisiones en la misma línea. Así, también ha jubilado al jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Sami Anan.
Morsi, además, no se ha ceñido a quitar de en medio a figuras emblemáticas de la Junta Militar, que fue firme sostén del régimen de Hosni Mubarak, y que luego se acomodó a la nueva situación, aunque reservándose numerosos privilegios propios de la presidencia, y concediéndose una amplia capacidad de maniobra que, incluía, entre otras cosas, la gestión de su presupuesto y la prerrogativa de declarar la guerra. La medida de los cambios en la cúpula del Ejército se amplía a algo más decisivo como es modificar la declaración constitucional de 2011, con lo que Morsi se hace con toda la autoridad ejecutiva y legislativa y la potestad para nombrar una nueva Asamblea Constituyente.
Lo sucedido, se haya pactado con el Ejército, como aventuran algunos observadores, o sea una decisión unilateral de Morsi, se inscribe en el pulso que, desde la caída de Mumarak, vienen manteniendo el Ejército y los islamistas en el Gobierno, con Morsi, líder de los Hermanos Musulmanes, como presidente. Un pulso que ha estallado precisamente cuando el país está inmerso en la “Operación Águila”, con la que Morsi lleva a cabo una gran ofensiva en la península del Sinaí contra los yihadistas, que se estaban haciendo cada vez más fuertes en ese territorio.
En principio, parece lógico que Morsi haya querido eliminar la tutela del Ejército, y no da la impresión, dada su ofensiva contra el yihadismo, que busque una radicalización islamista, ya sin el contrapeso del Ejército. En cualquier caso, es imprescindible que ante unos hechos decisivos que implican una profunda remodelación de la vida política de Egipto, y suponen una gran acumulación de poder por parte del presidente egipcio, la comunidad internacional esté especialmente vigilante para que la “primavera egipcia” no se escore a derivas indeseables y llegue definitivamente a buen puerto.