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El tándem Romney-Ryan hacia la Casa Blanca

miércoles 15 de agosto de 2012, 08:22h
Las elecciones a la presidencia de Estados Unidos, que se celebrarán el próximo noviembre, revisten una especial importancia. Se verá si Obama, que se alzó con la victoria en 2008, ha logrado mantener el desbordado entusiasmo que despertó, en medio de un revuelo mediático sin precedentes, o el desgaste, del que ha habido varios ejemplos, ha sido tan fuerte como para desalojarle de la Casa Blanca. Y el candidato que consiga el respaldo de las urnas deberá enfrentarse a una situación cada día más difícil y complicada, con numerosos frentes abiertos, tanto en la propia Norteamérica como a nivel mundial.

En estas circunstancias, resulta decisivo que el candidato a la presidencia elija a un adecuado aspirante a la vicepresidencia. Todo apunta a que Mitt Romney, candidato por el Partido Republicano, ha acertado al designar como acompañante en la batalla electoral a Paul Ryan. Ryan, de 42 años, católico, es el primer congresista- por Wisconsin, elegido a los 28 años- propuesto como vicepresidente desde 1984, y en la Cámara de Representantes ha desarrollado una gran actividad y adquirido gran protagonismo. Precisamente, allí dirige el Comité de Presupuestos y ha elaborado un plan fiscal alternativo al de Obama. Sin duda, su condición de experto en finanzas ha sido uno de los motivos para su elección, cuando la economía preocupa enormemente a los norteamericanos. Básicamente, el programa de Ryan se apoya en drásticos ajustes del gasto público, que propone combinar con bajada de impuestos, para alcanzar una férrea reducción del déficit. El discurso de Ryan, quien está convencido de que no es positiva una política escorada hacia las subvenciones, pues esto cuando menos amortigua la ambición personal de progresar, conecta con una buena parte de la ciudadanía de una república de individuos, que no cifra en el papá Estado –cuyo peso Ryan quiere reducir al máximo- su salvación.

Asimismo, Ryan es un buen complemento a las posiciones más centristas y moderadas de Romney, que encarna un estilo más clásico de político profesional, con un perfil más dúctil y sin posturas maximalistas, frente al congresista de Wisconsin, decidido defensor de las tesis del Tea Party, por lo que su elección ha sido magníficamente acogida por un movimiento que, no obstante, encierra mayor complejidad –y tiene hondas raíces históricas- que la de ser meramente despachado con la etiqueta de ultraconservador.

En las intenciones de voto de los próximos meses, y, naturalmente, en la hora de la verdad de los comicios, se comprobará si el tándem republicano consigue su objetivo. De momento, la elección de Paul Ryan ha insuflado nuevos bríos a la carrera del Partido Republicano hacia el Despacho Oval y ha confirmado que hoy el panorama está más equilibrado en la posibilidad de éxito de republicanos o demócratas que en 2008. La campaña, ya en marcha, aunque todavía no oficialmente, se avecina muy movida.


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