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Cortarse las venas

Cristobal Villalobos Salas
miércoles 15 de agosto de 2012, 19:42h
Lo bueno de escribir una columna semanal es que uno sólo intenta cortarse las venas una vez cada siete días. Cuando se comentan los temas en negro sobre blanco, impuestos por la dictadura férrea de la fría actualidad, las cosas se ven más claras, lo que no quiere decir que se vean bien. De hecho, cuando se intenta escribir algo sobre la situación en la que nos encontramos, el panorama puede resultarnos aterrador. Nos gustaría saber, algún día, como lo soporta el maestro Alcántara, día a día, década a década, sin rendirse. Sin mandar la dichosa columna a freír espárragos.
Mientras en Málaga las hordas piden Cartojal y reguetón, se llenan las casetas-discotecas de adolescentes cirróticos y una marea incontrolable inunda el centro histórico de la ciudad, el devenir de nuestro futuro económico se aproxima a un abismo a cuyo precipicio hemos creído estar muchas veces durante estos últimos años.

Parece que la modernidad y el bienestar fue sólo una anécdota, un paréntesis en nuestra Historia: porque los parados aumentan, la necesidad crece y no se intuyen posibilidades de mejora en muchos años. Pero en fiestas se para el tiempo y los millones de parados son solamente millones de feriantes, veraneantes y turistas.

España, paralizada, continúa su descenso hacia la decadencia, que quizás sea el estado natural de la nación española. Ante un Gobierno que se hace el haraquiri, esperemos que para algo, y una oposición empeñada en no volver al poder, el país se dirige hacia un desgobierno en el que los gordillos de turno pescarán en río revuelto, a lomos de la demagogia, ante una clase política carente de ideas, valores y de cualquier tipo de ideología.

Ya veía venir hace años Anguita, cuando repetía una y otra vez aquello de “programa, programa, programa”, que la política española se acabaría por convertir en un gran juego de máscaras en el que todo es un teatro falso, sin fondo ni contenido, en el que lo único que importa es la imagen y la publicidad. La mercadotecnia reina sobre las ideas y la política es rehén de los nuevos tiempos y de esta sociedad del espectáculo.
Nos espera un verano largo, muy largo, de años, en los que, entre la canícula de nuestros páramos, surgirán diariamente nuevos gordillos, a izquierda y derecha, salvadores de la patria que, con un poco de suerte, pueden mandarlo todo a tomar por saco si los ciudadanos, desesperados, nos dejamos llevar y no anteponemos la cordura al ansia.

Escribir en España es llorar, como dijo aquel suicida, o morir, como apuntaría un poeta al que ya nadie lee. Cierro la columna hasta la semana que viene. Y que viva la Feria.
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