DE LOS DELITOS Y LAS PENAS
sábado 19 de abril de 2008, 23:57h
Titulaba Giuseppe Beccaria, un insigne penalista italiano, una de sus obras más leídas en las facultades de Derecho de medio mundo. La consideración que merecen las penas privativas de libertad que para cada delito dispone nuestro actual ordenamiento jurídico sale a colación ante la afluencia de delitos violentos que padece esta sociedad, muchos de ellos en una dirección muy determinada, la llamada violencia doméstica que, además, suele tener un patrón común: la sospecha de que tal cosa se veía venir, y que podía haberse evitado.
Quienes claman contra ello tienen razón, pero no siempre andan bien encaminados. A nadie escapa el carácter disuasorio que la Policía tiene cuando patrulla las calles. Es un hecho irrefutable. No lo es menos el que la escasez de efectivos hace que, muchas veces, tal efecto no se pueda lograr. Y además, cuando se detiene a un delincuente y pasa a disposición judicial, el problema dista mucho de estar solucionado. La creencia popular según la cual quien delinque y es detenido entra por la puerta de la comisaría y sale acto seguido por la del juzgado tiene su parte de certeza. Y no es culpa de la Policía, sino de un sistema penal donde delinquir sale muy barato. Se quejan los jueces de que las leyes son las que son, y que ellos se limitan a aplicarlas. Cierto, pero no siempre, pues más de una vez falta coraje político a la hora de denegar beneficios penitenciarios, apreciar atenuantes o eximentes cogidas con alfileres, o simplemente, creer a gente que no merece un ápice de credibilidad. Bien es verdad que no ocurre todos los días, pero ocurre, y por tanto es denunciable.
El auténtico quid de la cuestión está en la sangrante lenidad de un ordenamiento jurídico que más parece proteger al delincuente que a la víctima. Si se permitiese actuar de oficio cada vez que hay malos tratos, sin necesidad de denuncia previa, habríamos avanzado un paso. Si la reincidencia volviera a considerarse como merece, seguiríamos avanzando. Y si la comisión de determinados delitos fuera susceptible de mayores penas, y para redimir dichas penas no hubiese tantas facilidades, la sociedad obtendría una victoria moral. Pero cierta doctrina jurídica, supuestamente progresista, no cree en las condenas de hechos punibles, sino en las prebendas del reo. En realidad, se trata de un falso progresismo de salón porque quienes más sufren la delincuencia son los sectores modestos de la sociedad. El cumplimiento efectivo de largas condenas, acordes con la gravedad de ciertos delitos, haría que más de uno se lo pensase antes de cometer alguna fechoría. Pero tal cosa no sucede. Cuántos maltratadotes, violadores y demás siguen perpetrando barbaridades en el transcurso de permisos de fin de semana. ¿Alarma social? Plenamente justificada. Y mientras no se cambie la orientación penal del sistema, el problema seguirá latente.
RIESGOS LABORALES EN ESPAÑA
Esta semana se ha batido un triste récord con cuatro accidentes laborales mortales en menos de seis horas y todos en distinto lugar. No es, por desgracia, la primera marca que bate España en materia de siniestralidad laboral, ni tampoco parece que vaya a ser la última. Hay quien ha apuntado que en breve se puede producir un descenso en la tasa de accidentes, debido al parón de la construcción y la disminución de obras, pero tal hecho, lejos de ser un consuelo, no es más que una triste realidad, fruto de la crisis económica. El que se construya menos y por ello haya menos obras no es una buena noticia. Sí lo sería que hubiese más trabajo, y sobre todo, seguro.
En esta materia, sería injusto decir que el Gobierno mira hacia otro lado. La Inspección de Trabajo ha levantado acta de múltiples irregularidades, y las sanciones interpuestas son buena prueba de que desde la Administración se ha tomado conciencia del tema. Independientemente de que los medios para atajar estas situaciones son limitados, y que habría que tomar cartas en este asunto, no siempre la responsabilidad es pública. Responsabilidad precisamente es la que falta en determinados agentes. Empresarios sin escrúpulos que priorizan rentabilidad por encima de seguridad. Que ni forman a su personal, ni lo dotan de los elementos indispensables -arneses, calzado especial, indumentaria apropiada...- para desarrollar correctamente su labor. Que por ahorrar costes contratan trabajadores sin la adecuada cualificación. Pero también, trabajadores que no dan la debida importancia a ciertas medidas que, por incómodas que les parezcan, pueden salvarles la vida. No podemos pretender que el estado solucione todos nuestros problemas. La prevención es un ejercicio de responsabilidad. Y la responsabilidad es cosa de todos.
ALIANZA ENTRE VENEZUELA Y ECUADOR
Una delegación venezolana, encabezada por el canciller de este país, Nicolás Maduro, visitó el viernes Ecuador para sellar una alianza entre ambos países que, entre otras cuestiones, procurará solventar la escasez alimentaria que afecta a ambos países. Desde hace meses, Venezuela sufre desabastecimiento de productos básicos como leche o huevos y la inflación más alta de toda América Latina. Ecuador, por su parte, también está padeciendo los efectos de la inflación en los productos alimentarios. La cooperación entre ambos estados no sólo queda ahí y ya hay cerrados acuerdos de intercambio de petróleo por otros productos. Sea como sea, la alianza entre los dos países va mucho más allá de un mero intercambio de favores comerciales y se encuadra en un proyecto geopolítico mucho más amplio diseñado por Chávez.
Desde que Rafael Correa llegó al poder, las relaciones entre ambos países han cobrado una intensidad -y dado un giro- alarmante, como se vio a raíz del conflicto entre Colombia y Ecuador por la incursión de tropas colombianas en territorio ecuatoriano. De otra forma, no se podría entender el afán de Chávez por inmiscuirse en un asunto que, en principio, no tendría por qué afectar a Venezuela. El estrechamiento de relaciones se incluye dentro del plan de Chávez de crear un contrapeso en la región que pueda hacer frente a la influencia de EEUU, en particular, y al mundo occidental, en general. De hecho, el presidente venezolano es un ferviente defensor de la entrada de Cuba en la Organización de Estados Latinoamericanos. Tras su reunión con Correa del viernes, Maduro defendió la actuación venezolana en la crisis con Colombia, afirmando que "ha funcionado la solidaridad de América Latina y el Caribe, ha funcionado la nueva correlación de fuerzas que existe hoy en nuestro continente que garantiza la autonomía, la soberanía, los criterios de respeto al derecho internacional".
La solidaridad y cooperación entre países vecinos siempre es una buena noticia, pero no lo es tanto si se engloba en un proyecto de tintes tan oscuros, arriesgados e inciertos como el de Chávez. Resulta mucho más conveniente tener como aliados a países auténticamente democráticos, como EEUU o Colombia, que situarse en el bando de dictaduras autoritarias como la cubana o como la teocracia iraní. Correa debe asumir que está jugando con fuego y arrastrando con él a todo un país.