Grecia debe cumplir
sábado 18 de agosto de 2012, 08:19h
El gobierno de Grecia ha retado a la troika que tiene intervenida la economía del país, y le ha pedido dos años más para cumplir con el ajuste que firmó con la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo. De este modo, se retrasaría de 2014 a 2016.
Esta petición, en otras circunstancias, podría tener sentido, si los expertos de la troika creyesen que una menor presión sobre los recortes (que no sobre las reformas) puede ser menos gravoso para la economía helena. Pero esa petición estaba llamada a caer en saco roto por los constantes y perversos incumplimientos por parte de Grecia. Si con el actual programa no muestra la voluntad o la capacidad de cumplirlo, ¿qué asegura que con otro más exigente no lleve al gobierno griego a relajarse aún más? Una ampliación del plazo no sólo amenaza con ralentizar el necesario ajuste, sino la misma consecución de todo el programa.
La Comisión Europea no quiere oír hablar de una posibilidad como esa, y el gobierno alemán ha ya cerrado las puertas a cualquier nueva concesión. Como señala su ministro de Economía, “el cumplimiento de las reglas es clave para la credibilidad en la eurozona y también para otros países”. Es cierto que ha otorgado unas cuantas moratorias, sin que la respuesta por parte de Grecia haya sido satisfactoria. Con todo, hay que reconocer, para entender la situación, que las disfunciones del Estado griego y de su sistema político, más los condicionantes de una opinión pública abonada al subsidio y que desconfía de la libre iniciativa, convierten en hercúleo al esfuerzo de los sucesivos ejecutivos griegos.
Precisamente por esa dificultad, por la necesidad de que Europa haga ver que es capaz de encauzar una situación muy difícil y porque está en juego la misma continuidad del euro, es necesario que Grecia se atenga al programa ya pactado y que intente cumplirlo con probidad y eficacia. Su futuro, y en parte el de Europa, depende de ello. El imponer una estricta seriedad en el cumplimiento de sus compromisos económicos hará que Grecia y su gobierno recorten lo que sobra: subsidios improductivos, una burocracia parasitaria y empresas deficitarias económicamente, pero rentables para una política de poder y de clientelas.