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RESEÑA

Ginés Sánchez: Lobisón

domingo 26 de agosto de 2012, 14:44h
Ginés Sánchez: Lobisón. Tusquets. Barcelona, 2012. 312 páginas. 18 €
Uno de los mejores divulgadores científicos que hemos tenido en nuestro país fue sin duda Félix Rodríguez de la Fuente. Él nos hizo pasar inolvidables tardes llevando la riqueza de nuestra fauna a nuestros hogares en aquellas seiscientas veinticinco líneas. Recuerdo con especial sentimiento el programa dedicado al lobo. El lobo era un animal proscrito, el fiero, el devorador de corderos, estigmatizado en nuestro país como alimaña, considerado el peor enemigo del hombre. Félix Rodríguez de la Fuente sin embargo nos hizo recapacitar sobre el papel de este cánido y de cómo la carestía de su hábitat por el cerco que el hombre le había impuesto le hacía bajar de los montes a cazar el ganado por propio instinto de supervivencia. La nobleza del lobo fue puesta de relieve frente a los prejuicios que teníamos contra él.

Ginés Sánchez en este Lobisón va a tratar de dignificar a otro ser hermano del lobo, al licántropo, un ser en el que convive la fiereza del lobo con la cordura humana, pero de manera que nunca se sabe si es una u otra la que actúa. Pero no nos llevemos a engaño, Lobisón no es ni mucho menos un hombre lobo al uso, si bien su naturaleza parece provenir de una maldición que se corresponde con el número siete, no es la luna llena quien desata su fiereza ni tampoco la bala de plata termina con la maldición. Este Lobisón –o mejor dicho lobisones- pertenecen a la España profunda y su trayectoria vital se desarrolla y concluye en nuestros días. Este aspecto rural del Lobisón nos lleva a los lugares de nuestra España en los que todavía perviven las tradiciones orales, los cuentos en la hoguera, en los que se narran historias fantásticas y leyendas sobre el mal. De este modo, y con una narración en primera persona, Ginés Sánchez nos coloca en una especie de cámara subjetiva, nos mete dentro de la mente del Lobisón, un ser de escasa formación y de lenguaje extremadamente simple, repleto de aliteraciones y de epítetos relacionados con los olores y los colores de las cosas del campo, de tal modo que podemos rápidamente entrar en el registro en el que se mueve la narración e identificarnos fácilmente con el protagonista.

Pero la narración va más allá de una historia de licantropía. El autor trata de darle una vuelta psicológica a la maldición del Lobisón. Nos lleva al terreno de la enfermedad mental: cómo el hombre lobo está, hasta cierto punto, sufriendo ataques esquizofrénicos. La lectura de Lobisón me recordaba en ciertos pasajes a las Cartas a Theo, de Van Gogh, en las cuales el genial pintor con un lenguaje muy sencillo y coloquial describía a su hermano aquellos colores y aquellas formas que tanto ansiaba pintar. De algún modo las palabras de un Van Gogh esquizofrénico desvelaban ese lenguaje de la locura que Lobisón traduce también en su narración. Además, partes de la historia se desarrollan en el género epistolar, lo que refuerza mi convicción de que las Cartas a Theo han sido una referencia para Ginés Sánchez.

Como en un puzzle, las piezas que, desordenadas, nos va mostrando Ginés Sánchez a lo largo de la novela, confluyen en un final que, para no desvelar demasiado a los lectores, diremos que resume la gran metáfora de la vida: por mucho que queramos, nunca podremos dejar de ser quienes somos.

Ginés Sánchez salta de un modo tremendamente personal e innovador al panorama de las letras españolas actuales. Una primera novela que desvela la gran capacidad del autor para transportarnos a unos mundos que, si bien extraños a los urbanitas, siguen conviviendo en el riquísimo folclore de nuestro país.


Por Pedro Ortega

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