Bandoleros
Cristobal Villalobos Salas
martes 28 de agosto de 2012, 20:27h
Sánchez Gordillo habla ante la prensa como si fuera Giuseppe Garibaldi, pero con menos oratoria y el pelo tupido y grueso de la dehesa sobre sus espaldas. Recorre las inclementes carreteras de la Andalucía más profunda, de pueblo en pueblo, por un desierto de paro y aburrimiento en el que acaba pasando de aguerrido revolucionario a perpetrador de “performances” de esas con la que los niños bien del arte estafan a los centros y museos públicos.
Amenaza el altivo neobandolero con marchar sobre Málaga, como Mussolini pero con palestina al cuello y poblada cabellera. "Entraremos en Málaga sí o sí y realizaremos una acción sorpresa", los malagueños, después de la invasión de guiris cocidos en Cartojal, asisten al chulesco arrebato con total indiferencia y muchos calores.
Algunos ven, o quieren ver, al líder del SAT como a un bandolero bueno, de esos que roban a los ricos para dárselo a los pobres y que infringen las leyes obligados por las injusticias del sistema. Se les olvidan que los bandoleros, como “el Tempranillo”, se jugaban la vida a una carta todos los días y no estaban aforados, ni contaban con un sueldo público. Tampoco la Guardia Civil de estos días parece ser la del siglo XIX.
El bandolerismo fue un fenómeno característico de la Europa mediterránea y atrasada. Regiones de España, Italia y Grecia destacaron durante siglos por la violencia y el robo en sus caminos y campos. Casualmente, estas mismas regiones, entre las que se encuentra Andalucía, destacan en la actualidad por el atraso secular y por el alto grado de corrupción de sus sistemas políticos.
Hoy abro un periódico nacional y me encuentro con la cara de los primeros comparecientes en la famosa comisión de investigación que el Parlamento de Andalucía está llevando a cabo estos días con motivo del expolio de los EREs. Dicen que la cara es el espejo del alma y, en este caso, se les intuye a todos un alma podrida, carcomida por la incultura y la avaricia.
Gordillo, como los implicados en los EREs, como muchos de los políticos andaluces, son en parte responsables de que, más allá de Despeñaperros, sólo se vea esa Andalucía cateta, cerrada, vaga e intelectualmente indigente. Son auténticos estereotipos andantes, creaciones de una ideología barata y vacía basada en el topicazo andaluz, que la Junta de Andalucía ha ido fomentando durante décadas con el único fin de legitimar el entramado de corrupción política y moral que ha ido fraguándose desde entonces.
Abren estos días los telediarios andaluces de mente limitada y verbo insultante, ejemplos de nuestro atraso, nuestros defectos y nuestra decadencia cultural. Andalucía, imparable, hacia el fondo del pozo.