La troika es la puesta en común del Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional para el seguimiento y el control del programa de reformas de Grecia, dentro del contexto del rescate de su Estado. Esa troika facilita la financiación que necesita Grecia, toma el control de su administración (por medio de su grupo de trabajo o
task forcé), y propone las medidas que considera necesarias para mejorar su situación, de modo que reconduzca la crisis económica y fiscal que vive, y pueda devolver todo lo prestado.
La Comisión hace un informe, que se almacena en los
ocasional papers de la CE, y el FMI el suyo, que envía al Board of Directors. El
último informe de la CE recoge el segundo programa de ajuste. En vano se buscará ahí la mención a la recomendación de ampliar la semana laboral a seis días.
Esta recomendación está en una
carta de la troika al ministro de empleo a la que ha tenido acceso Bruno Waterfield, de The Telegraph.
Propone una reforma del salario mínimo que debe entenderse como una rebaja del salario mínimo, que es una de las medidas más eficaces en la creación de desempleo.
También propone
rebajar en cinco puntos las contribuciones de los empresarios a la Seguridad Social. Las cotizaciones son un impuesto sobre el trabajo que desde el punto de vista económico paga, enteramente, el trabajador. Ese impuesto reduce la oferta y la demanda de empleo. Y así como el salario mínimo es eficaz en generar desempleo entre las personas que menores sueldos pueden exigir (sobre todo jóvenes e inmigrantes), las cotizaciones sociales desincentivan el empleo a casi todos los niveles (hay un punto, en los salarios más altos, en el que su importancia es menor).
Y, por último,
propone una mayor flexibilización del mercado de trabajo que incluye desligar el horario de los trabajadores del horario de apertura de los negocios, eliminar las restricciones de máximos y mínimos entre los turnos de mañana y de tarde y facilitar, en general, que prevalezcan los acuerdos entre trabajador y empleado, sin mayores restricciones legales.
Una medida dentro de esta mayor flexibilización pasa por
“incrementar el número máximo de días laborables a seis días semanales para todos los sectores”. El objetivo parece ser aumentar la producción de los trabajadores, sin aumentar su salario. Es decir, es una forma de ajustar los salarios. Ahora bien, ¿un aumento del número de horas trabajadas aumentará la producción?
Eso no está del todo claro. Según los datos de la OCDE, un trabajador dedica a sus funciones profesionales una media de 2.032 horas anuales. En 2000 eran 2.130 horas y, siguiendo la estela de la prosperidad de la década previa a 2007, cayó hasta las 1.995 horas de 2009. Esas 2.032 horas, ¿son muchas o pocas? Pues es el país que más tiempo dedica a trabajar de toda la Unión Europea, y el segundo de la OCDE detrás de Méjico (2.250).
Por contraste, la media de la OCDE es de 1.776,
en España trabajamos 1.690, y en Alemania les basta trabajar 1.413 horas anuales para tener unos ingresos que nos superan ampliamente. ¿Trabajar más horas ayudaría a la economía griega? No parece probable.
Pero no deja de tener sentido. La tendencia secular es bajar de las 3.000 a 3.300 horas anuales que dedicaban los trabajadores de los países desarrollados en 1870 a los niveles actuales. A medida que somos más ricos, podemos renunciar a un mayor número de horas de trabajo sin sacrificar, e incluso ampliando, nuestro nivel de vida. Una de las características señeras de eso que llamamos capitalismo.