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Una declaración inusitada: Cristina y su pasada vida egipcia

Enrique Aguilar
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miércoles 05 de septiembre de 2012, 20:19h
La presidenta argentina confesó recientemente que ella se sentía “la reencarnación de algún gran arquitecto egipcio”, dada su infatigable vocación por construir y su pasión hacer cosas. Ni siquiera un arquitecto a secas. Un “gran arquitecto”, como corresponde a su investidura (el video está disponible en Youtube).

Semejante expresión de modestia (y de conocimiento de las leyes del Karma), refuerza la impresión de muchos acerca del menosprecio de nuestra primera mandataria hacia todo aquello (instituciones, normas e historia) que no esté centrado en su propia persona. Se comprende, pues, que el slogan de una “Cristina eterna”, lanzado oportunamente por la diputada Conti, no haya sido nunca desautorizado. Más aún, en estos días se ha visto ratificado por las últimas declaraciones de Carta Abierta (el espacio de intelectuales afines al kichnerismo) o incluso de algún intendente de provincia que, sin medias tintas, aseveró: “Cristina dejará de ser nuestra líder cuando el pueblo lo decida, y no cuando la Constitución lo determine”.

Beatriz Sarlo (una de las voces más esclarecidas y autorizadas que se han venido alzando contra el gobierno) lo interpretó en términos precisos: “Si Cristina es la única que puede garantizar la continuidad del proyecto, queda abierto un interrogante: o se deja caer el proyecto en una decadencia final, que sólo regocija a los enemigos de la patria, o hay que quitar los obstáculos legales que impiden que el proyecto siga bajo su dirección única.
El pueblo aprueba y necesita el proyecto. A su vez, Cristina es la única que puede dirigirlo. Si se respetara la letra de la Constitución, el pueblo quedaría debilitado, despojado de su soberanía mediante el ardid de un formalismo abstracto.”

Conviene recordar que la Constitución que se pretende reformar (sea tan sólo para habilitar la reelección indefinida o para avanzar sobre sus partes programáticas) fue sancionada el 22 de agosto de 1994. Muchos de los protagonistas de entonces integran hoy las filas del oficialismo y desde luego una fracción importante del electorado es también la misma. Pero nada de ello disuade a un gobierno que parece arrogarse el monopolio interpretativo de la voluntad soberana del pueblo. Mientras ello ocurra y la presidenta, en particular, sueñe con construir pirámides, será difícil evitar que la campaña por la continuidad siga su curso.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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