www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

China: el silencio español

domingo 20 de abril de 2008, 21:02h
Una voz ha faltado en el rifirrafe de los Juegos Olímpicos chinos: la de España. Es cierto que la llama olímpica no pasó por Madrid, ni falta que hacía dado que lo sucedió en Francia o en Canadá. Pero, no lo es menos que el Gobierno español lleve desentendiéndose de los grandes reproches que la comunidad internacional le hace al imperio chino desde hace meses: irrespeto por los Derechos Humanos, control de las informaciones y de todas las libertades, cárceles llenas de prisioneros políticos, ejercicio diario de la pena de muerte en cantidades que nadie sospecharía por su número y crueldad.

La voz de España en estos asuntos brilló por su ausencia y mucho me sospecho que un asunto como el de la independencia del Tíbet, tan resbaladizo como ambiguo, le traiga a los gestores de la política exterior española más o menos al pairo. Ni una voz crítica ha salido estos días del Palacio de Santa Cruz. Ha preferido no meterse en camisas de once varas de modo que el coste político fuese nulo y así ha sido, nulo.

El Gobierno español asistirá sin duda a la inauguración de los Juegos en Pekín junto con los representantes de aquellos países más acríticos y poco comprometidos. Se dirá que entre España y China las relaciones son mínimas y razón no les falta a quienes esto argumentan. Pero, un país que aspira a tener presencia mundial aunque sea modesta debería tener en cuenta este tipo de acontecimientos donde se juega el prestigio y dignidad del Gobierno y del Estado.

Por mucho Año de España en China, que se celebró meses pasados, y por muchas delegaciones culturales de ambos países, el caso es que, en el momento de la verdad, el Gobierno español ha prefiero dar la callada por respuesta y asistir de amigable testigo a todos los líos relacionados con la llama olímpica que recorrió casi todo el mundo.

Ni siquiera una personalidad tan respetable como la del Dalai Lama ha merecido el respeto y la consideración que se merecía, máxime teniendo en cuenta que se trata de un moderado que, por no exigir, no pide siquiera la independencia del Tíbet.

España ha perdido una oportunidad de oro que no se presentará probablemente en el futuro con excesiva facilidad. Las responsabilidades deben repartirse entre el Ministerio de Asuntos Exteriores, la secretaría de Estado de Cooperación y otros organismos. Pero alguien debe cargar con este silencio.

Alberto Míguez

Periodista

ALBERTO MÍGUEZ es periodista

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios