www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Obama pide prórroga

Javier Rupérez
x
jruperezelimparciales/9/1/9/21
viernes 07 de septiembre de 2012, 20:58h
La Convención demócrata en Charlotte, Carolina del Norte, ha seguido las pautas habituales de este tipo de eventos: espectacularidad, torrentes retóricos, entusiasmo, parcialidad. Claro que con respecto a la republicana de hace unos días en Tampa, ésta ofrecía las señas de identidad propias de los demócratas en el siglo XXI que, como sus primos socialdemócratas europeos, están sobre todo empeñados en reivindicar lo que se ha venido en llamar una colación arco iris inevitablemente compuesta por los sonidos vociferantes de pacifistas a ultranza, abortistas no menos ultramontanos, grupos étnicos de origen diversos, confederaciones sexuales de todo tipo y condición, numerosas organizaciones sindicales, e incluso monjas católicas empeñadas en demostrar que las recetas económicas de los republicanos son contrarias al magisterio eclesial. Ese abigarrado y contradictorio conjunto de clientelas llegaría a desembocar, si remedio no se le pone, en un confuso maremágnum de reivindicaciones tribales e intereses sectoriales en su esencia contrario a lo que es, o debiera ser, un partido politico en la sociedad democrática: la libérrima unión de ciudadanos en torno a un programa ideológico y de gobierno. Cosa esta ultima de la que poco se ha hablado en Charlotte –e insuficientemente en Tampa, dicho sea de paso-.

Llegan los demócratas al final del primer cuatrienio de Obama con la lengua fuera y la economía débil. Era inevitable que los republicanos aprovecharan su ocasión –como inevitablemente lo van a hacer durante los dos meses que restan hasta las elecciones- para subrayar las fragilidades del gobierno, sus múltiples incumplimientos y la consiguiente necesidad de proceder al relevo presidencial. No se han andado los demócratas con chiquitas a la hora de responder a sus contrincantes, pintando en Charlotte con negras tintas lo que sería la sociedad americana en manos de Romney: desaparición de las protecciones sociales, menos impuestos para los ricos y más para la clase media, una belicosa y arriesgada política exterior. Y por supuesto una reafirmación de los principios: ellos quieren menos gobierno, nosotros queremos un gobierno suficiente. Al menos para atender las necesidades elementales de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Otras son las acusaciones cruzadas: que si ha habido o no voluntad de compromiso y consenso, que si los rescates de los sectores financieros y automovilístico han servido o no para dinamizar la economía, que si los Estados Unidos bajo Obama han mantenido o no la respetada consideración de gran potencia adquirida en el siglo XX. Hasta el agotamiento preguntarán los republicanos si el país está ahora mejor o peor que hace cuatro años. Hasta el agotamiento preguntarán los demócratas por las políticas sociales, o la ausencia de las mismas, de los candidatos republicanos. Siendo evidente que, digeridas ya las dos convenciones, que han tenido mucho de entretenidas y poco de dramáticas o de inesperadas, no existe apenas lugar de encuentro programático entre los dos partidos. Aunque eso sí, y menos mal, y qué envidia, los seguidores de unos y de otros se agarren a la misma bandera, canten el mismo himno, griten ardorosamente U-S-A siempre que se tercie y presuman de las mismas historias familiares y personales de sacrificio, emulación y éxito. El sueño americano les pertenece a todos.

De aquí al 6 de Noviembre los candidatos a la presidencia mantendrán tres debates televisivos y uno los candidatos a la vicepresidencia. Ocasiones que, junto al trabajo de campo de las dos campañas frente a tibios e indecisos, terminarán por arrojar el resultado definitivo. Hoy, según todas las encuestas, peleado en un estrecho margen para uno o para otro. Si de la contemplación de las convenciones se tratara habría que concluir provisionalmente que la capacidad retórica esta más bien del lado de Obama y de sus seguidores. Lo acaba de demostrar Obama en Charlotte, con un discurso encendido y hábil, al que se podría reprochar su falta de precisión y la ausencia de explicaciones por el inmediato y defectuoso pasado, y sin embargo cargado de una apasionada visión conspicuamente ausente en las intervenciones de Romney. Añádase a ello, y para lo que sirva, que seguramente no sea mucho, una espléndida intervención de Michelle Obama en la primera noche de de la convención –intervención que hace pensar en las posibilidades políticas autónomas de la mujer mas allá del marido- y otra no menos magistral del eterno Bill Clinton, en tonos que no permitían adivinar si estaba elogiando su pasado, recomendando su experiencia para el presente o candidateándose para el futuro. Quizás todo al mismo tiempo. Lo demás, incluyendo la pobre intervención del alcalde de Julián Castro, el Alcalde de San Antonio en Tejas, en su papel de voz hispana, es perfectamente olvidable.

Han sido pocas las horas transcurridas desde el entusiasta final de la convención demócrata y la publicación de los decepcionantes datos laborales de la economía americana correspondientes al mes de Agosto: insuficiente crecimiento en las contrataciones, abundante renuncia a seguir en la búsqueda de empleo, y consiguiente reducción de dos décimas –del 8.3% al 8.1%- en el desempleo. No son estos los mejores augurios para los cuatro años de prórroga que Obama demandaba para continuar su labor. ¿Será capaz de convencer Romney al país de que él tiene la fórmula para conseguir lo que Obama no obtuvo? Harto dudoso. Pero, en fin, para esto están las elecciones. Que en los Estados Unidos de America siguen siendo el mayor y mejor espectáculo del mundo.

Javier Rupérez
Embajador de España

Javier Rupérez

Embajador de España

JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios