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El ocaso del comunismo italiano

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 20 de abril de 2008, 22:09h
Además de confirmar el bipartidismo como sistema preferido por los electores, las elecciones españolas e italianas han manifestado la innegable derrota de los partidos de extrema izquierda. En el caso de Italia, las elecciones celebradas hace algunos días han puesto fin a una larga historia de pluralidad y han marcado un acontecimiento histórico: en un país con fuertes tradiciones izquierdistas, se asiste al fin de la presencia parlamentaria de los comunistas y de los socialistas. De hecho, por primera vez en la Italia republicana, el comunismo, que ha representado históricamente el principal partido de oposición, no tendrá voz en el Parlamento.

El cambio ha sido rápido y traumático. En las anteriores elecciones de 2006, comunistas y verdes alcanzaron separadamente el 11,5%. El resultado era verdaderamente positivo: la izquierda extrema había sido capaz de reunir en su formación a los movimientos sociales antiliberales y de protesta, a través de un liderazgo que conservaba una diversidad político-ideológica dentro del frente antiberlusconiano. Sin embargo, la decisión de ser parte de una alianza de gobierno ha signado el cambio de estrategia, pasando desde partido de movimiento a uno de gobierno: la decisión de apoyar el gobierno de Prodi ha dañado su credibilidad. En las elecciones de 2008, comunistas y verdes han decidido presentarse bajo una única bandera, "Izquierda Arcoiris", no alcanzando ni siquiera la barrera para elegir diputados (8% para el Senado, 4% para la Cámara). La derrota se ha convertido en una debacle, un colapso general incluso en sus bastiones tradicionales: al Norte, el resultado ha sido un desastre, las regiones rojas del centro se descoloran y al sur pagan la mala gestión de la emergencia basura.
Muchas son las razones de esta crisis, tanto que resultaría demasiado sencillo culpar exclusivamente el voto útil: no cabe duda que el miedo de entregar la victoria al contrario ideológico haya movilizado votos; sin embargo, no justifica un fracaso de estas proporciones. Igualmente simplista sería considerar que el aumento de la tasa de abstencionismo haya penalizado de manera excesiva a la extrema izquierda. La izquierda italiana parece incapaz de comprender a los cambios sociales y de actualizar sus programas al avanzar del tiempo: el partido no es más intérprete del malestar social, apareciendo como algo de abstracto, lejano de las exigencias ciudadanas. Además, una vez al gobierno, la actuación de la izquierda ha decepcionado, mostrando sus límites y sus contradicciones; ha aceptado participar en un gobierno moderado, distorsionando algunos de sus ideales principales como el pacificismo, votando a favor de la refinanciación de las misiones militares. En la campaña electoral, la falta de un programa innovador y claro ha contribuido a alimentar la imagen de una "alternativa blanda". La evidente necesidad de cambio se ha limitado a la simbología (la renuncia de la hoz y el martillo), mientras el movimiento necesita una etapa de autocrítica para la elaboración de nueva estrategia política. La extrema izquierda tendrá que recuperar su papel antagonista y forjarse al margen de las instituciones: deberá volver a movilizar la protesta y el conflicto social, reconquistando el terreno perdido en sus recorridos institucionalistas. Como declarado por el probable nuevo líder de la izquierda italiana, Nichi Vendola: el novecientos se le ha precipitado encima.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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