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España triste, en bragas

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 07 de septiembre de 2012, 21:00h
Ni el uno es Bond en el Eurovegas de Alcorcón, ni la otra la Chica Martini. Pero un Mariano desconocido, en un inusual arranque de apostura, asiéndola por la cintura avispera, le dijo a Ángela antes de partir: ¡Necesito más cariño! (…) Por un instante, el mismo que duró el beso del adiós, se me vino a esta mente tan calenturienta que tengo la secuencia final de Casablanca y el inolvidable diálogo entre Ingrid Bergman y Humphrey Bogart:

- Dije que nunca te dejaría (Ilsa).
- Y nunca me dejarás (Rick).

Como la princesa de Rubén Darío, la España atrabiliaria, ramera de triste semblante, se pasa la vida compadeciéndose de sí misma, como el Segismundo calderoniano, poniendo a prueba la teoría de los cuatro humores hipocráticos, abatida entre la melancolía y la depresión mental, por exceso de los efluvios de la “bilis negra”.

Vuelvo a España (y conste que, muy a mi pesar, no he estado con el Príncipe Harry en Las Vegas sino en la Costa Azul disfrutando del triunfo Atlético, con dos pares… de goles), descerrajo los periódicos del día, y me tropiezo de bruces willis con personajes más pasados de moda que la fiesta minera de Rodiezmo:

Griñán suplicando un anticipo de mil millones de eurazos para seguir haciendo lo que le salga, con perdón, de los huevazos, en su cortijo andaluz, allí donde campan impunes los cuatreros horteras del super; Fabra, el presidente por accidente de triste y pajizo semblante, reconociendo que gastó 6.648 millones de talegos más de lo que ingresó en 2011, por culpa del manirroto de Camps; y Mas, el rey Arturo de Camelo si “t” final, anunciando que no le quedará más remedio que pedir un crédito puente si se demora el rescate, mientras se embute la barretina hasta las orejas dispuesto a dar lustre con su excelsa presencia al dichoso Onze de setembre, otro Septiembre negro, cuarenta años después del sangriento Múnich olímpico del 72.

Dicho sea al paso de la carroza convergente, esta es la hora en la que nadie sabe muy bien qué se celebra el día de la Diada, cuya casposa perfomance tendrá lugar un año más en medio del bajón anímico de un país desmoralizado que no está para tanta gilipollez pero que, ajeno a su tragedia, sigue retozando en la siesta eterna nazionalistoide, aún no estando España –o lo que quede de ella- para rabietas de niñatos consentidos y malcriados.

Jodidos y descontentos tienen que estar los Artumases & Cía tras la decisión del jurado del Premio Príncipe de Asturias del Deporte de distinguir ex aequo a un madrileño y a un catalán, por su ejemplar entente cordiale.

Será casualidad o cuestión de simbolismo surrealista, pero he visto tres periquitos sueltos en el exiguo parterre central de la madrileña plaza de Cataluña, mientras escuchaba en la radio del coche la noticia de que el pleno del Ayuntamiento barcelonés de Sant Pere de Torrelló había aprobado una moción para declararse “territorio catalán libre”.

Los hay que han montado un pollo campestre de mil pares porque una anciana señora, con menos acierto que buena intención, se ha cargado el Ecce Homo; pero que en cambio se han quedado mudos ante un atentado doloso contra nuestro patrimonio histórico artístico como el que supone la aberración que ha consumado la Generalitat tapando el escudo de armas de Felipe V que hasta ahora coronaba la fachada del Parlament, utilizando como parche el emblema de la senyera.

Y en estas que, ajeno al desaliento y a las astracanadas, el ministro Jorge Fernández, que tiene más peligro que Grosjean al volante de un Fórmula 1, consciente de ser el brazo ejecutor de la continuista política antiterrorista zapateríl, trata de justificar lo injustificable, y claro, se hace la picha un lío.
Con semejante panorama, ya me contarán ustedes la confianza que ha podido inspirar a la ilustre visitante Merkel un país como el que nos ha tocado en la tómbola de La feria de las vanidades, sumido en el caos autonómico, en las memeces de los nacional-independentistas catalanes y en la ignominia batasuna.

La coctelera nacional está como el brazo de don José Bono, en cabestrillo. Está tan desfondada esta España de las soledades gongorinas, de la desolación y el fatalismo que, puestos a comparar, tiene mejor remedio, dentro de lo difícil, la rehabilitación del desaguisado de Borja que la reconstrucción nacional.

Aunque lo que de verdad me subyuga es el anuncio del estreno como telepredicador de Garzón, el último exiliado del franquismo (autodefinición), la novia de todas las bodas y el muerto de todos los funerales. Al tiempo, acabará ofreciéndose al presidente colombiano Juan Manuel Santos para pilotar las negociaciones con las FARC. El mariachi, patrimonio de la humanidad.

España pajillera, de fútbol, toros y corridas. Semana de vídeos eróticos, de WhatsApp y de mucha guasa en torno a la maciza concejala socialista de Los Yébenes, que ante tanto revuelo morboso alrededor de su catre, hubiera preferido hacer honor a su nombre (Olvido) o mismamente a su apellido (Hormigos), para no ser recordada o desaparecer del mapa genético del ADN basúra al grito extasiado de trágame tierra.

Además de hecho una mierda, el hormiguero nacional está enfermo de gente más obsesionada por husmear en La vida de los otros que la peli de Almodóvar. Y yo que pensaba que había sido Rihanna la que se había alzado con el premio al mejor vídeo del año por “We Found Love”. Visto está que estoy recién llegado.

Lo mismo no anduvo desacertado Rufo de Éfeso, médico de profesión, cuando llegó a asegurar con conocimiento de causa que el mejor tratamiento contra la melancolía es el coito, o sea, la rendición deliberada a los estrépitos de la fornicatio, porque "hace desaparecer las ideas obsesivas del alma y aquietar las pasiones desbocadas".

En El Mundo de Pedro Jota (a lo que se ve, tan necesitado de mimos de Moncloa como CR7 del madridismo), el mismo que parece seguir cabreado con Mariano por haber abierto el curso político con una entrevista en ABC, ha recordado Santiago González la ocurrencia que tuvo el entonces alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, durante una entrevista que concedió, brincando el año 2003, al diario El País: «La masturbación es algo necesario que los políticos deberían practicar con más frecuencia. Deberían masturbarse más. Les aliviaría de muchas tensiones».
Con este nivelazo braguetero de asuntos de interés nacional, comprenderán que me haya dejado helado granizado que en medio mismo del enésimo tocamiento testicular de Marruecos a cuenta de los inmigrantes, se haya descubierto que uno de los dos leones del Congreso (Daoíz, el eunuco, y Velarde, el machote) carece de saco escrotal, o sea, que no tiene pelotas.
El abajo firmante sólo encuentra consuelo en la receta cervecera de Obama, a pesar del rejonazo de Clint Eastwood, y en las contundentes palabras del colega antepasado de Barack, el presidente Eisenhower: “el pesimismo nunca ha ganado ninguna batalla”.

José Antonio Ruiz, periodista

José Antonio Ruiz

Periodista

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