Doctor Angelicus
Martín-Miguel Rubio Esteban
sábado 19 de enero de 2008, 18:08h
Es magnífico y reconfortante que todavía este Gobierno no haya eliminado la entrañable festividad de Santo Tomás de Aquino, patrono de Bachillerato y de tantas otras enseñanzas. Habrá sido un despiste. Y al mantenerse la fiesta todavía bajo ese patronazgo muchos estudiantes pueden preguntarse aún por aquel "Doctor irrefragabilis", "Doctor Communis", "Doctor Angelicus", "Lumen praefulgidum", "gemma radians clericorum", "flos Doctorum" o "iubar philosophiae". Pues en poco más de veinte años este genial dominico italiano escribió más de 8.000 páginas de letra prieta sobre teología, metafísica, política, ciencias naturales y de otros muchos temas de interés en su época, convirtiéndose este trabajador infatigable en uno de los tres nombres más importantes de la Historia de la Filosofía, junto a Aristóteles y Kant. Su madre y sus hermanos trataron de sacarle de su ensimismamiento estudioso con la tentación de la más bella cortesana napolitana, a la que metieron desnuda en su cuarto y él rechazó con energía, prefiriendo los ardores de los libros a los de la carne. Ha sido el más espléndido atleta de la escolática. Y lo que más sorprende es la modestia y la caballerosidad con que siempre trató a los pensadores adversarios más acérrimos, de lo que tanto hoy debemos aprender. No hay problema filosófico importante que no haya tratado con agudeza y solidez admirables, con un orden en todas y cada una de sus partes y con un método, una limpidez y una precisión de fórmulas y de pensamiento que hacen de él un maestro insuperable. Tomás consiguió transformar a un clérigo torpe y analfabeto, como fray Reginaldo de Priverno, en su secretario y en un notable erudito. Y eso constituye una esperanza para los actuales profesores de Secundaria.
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Doctor en Filología Clásica
MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín
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