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El despiste sindical

martes 11 de septiembre de 2012, 20:45h
En un momento tan crucial como el que España está viviendo en lo económico, y cuando dependemos de un rescate del Banco Central Europeo para poder sobrevivir sin entrar en una quiebra de impredecibles consecuencias, es preocupante -o al menos chocante- comprobar que los sindicatos patrios continúan estando -como les sucede desde que viven de las subvenciones públicas- alejados de la realidad del común de los mortales. Sorprende ver la visceralidad con la que actúan ante los Gobiernos del PP -en tiempos del Socialismo Ingenuo que practicó el ingenuo señor Zapatero, del que han sido los hijos malcriados y consentidos, tenían otro rasero mucho más “condescendiente” con sus mecenas, y por esas concesiones, también por ese servilismo, se ha llegado al grave estado que estamos padeciendo-. Ahora, desde que manda el PP, los sindicatos están prontos a atacar cualquier medida que adopte este partido... aunque esté a favor de los trabajadores. Lo que ellos no habían imaginado es que esta opción extrema podía poner en evidencia la ausencia absoluta de razón con la que actúan y dejarlos en ridículo ante la misma clase trabajadora. La demostración de lo que escribo la hemos tenido aquí, en Mallorca. La historia es sencilla: cuando los trabajadores del hospital Juan March fueron avisados de que su centro de trabajo era inviable -económicamente hablando- y sería cerrado, los sindicatos pusieron el grito el puño y las pancartas en el cielo. Y hasta ahí su postura era comprensible y los trabajadores se sintieron arropados por las banderas rojas y las pancartas que en tiempos del PSOE se habían llenado de polvo y arañas... Pero la administración había explicado el problema que le llevaba a drástica medida: era económico. El precio de cada cama del hospital salía carísimo. Había que buscar soluciones, propuestas. Entonces los trabajadores, viendo que sindicatos se quedaban anclados en la vana queja, eligieron a unos representantes que, después de un duro trabajo buscando la viabilidad económica del centro hospitalario, consiguieron llegar a un acuerdo con la Administración para que tal hospital no fuese cerrado. De momento se habían salvado 157 puestos laborales y un hospital público de gran calidad técnica y humana. Pero lo más sorprendente del caso es que esos sindicatos, algunos miembros de los cuales habían participado en el diálogo con la Administración, cuando supieron que se había llegado a un acuerdo sin que ellos llevasen la voz cantante del concierto, se quejaron y hasta pusieron en jaque el acuerdo conseguido. Uno ya no sabe qué pensar ante tanto anacronismo falto de ideas, ante tanta simplicidad mental, ante tanto e infantil pataleo. Lo escribo porque parece que a muchos sindicatos están demostrando, sobre todo los que tenían más ayuda institucional con el PSOE y ahora la están perdiendo, que les importa un bledo el paro, y que a lo que van es a que la situación llegue a un extremo. ¿Para qué? Para convertirse en imprescindibles. Porque ellos saben que la necesidad crea el órgano y la realidad les está demostrando que ellos, al estar faltos de un norte y unas ideas que vayan más allá de la fácil queja... se van convirtiendo en unos elementos cada vez más prescindibles para la sociedad y para los trabajadores.
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