Cataluña, con afecto e inteligencia
José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
jueves 13 de septiembre de 2012, 20:03h
Lo primero que cabe decir es que la relación entre el Principado y el resto de España ha de basarse en un notable afecto a los catalanes y a sus tradiciones, a su expresión, lengua, cultura, de forma que el apego y afición mutua constituya base segura de confianza, integración y cercanía. Hay que visitar frecuentemente Cataluña, amistarse con proximidad a la tierra y al modo de ser con que tradicionalmente se sitúan ante la vida, a su concepción del mundo también. El conocimiento normalmente conlleva aprecio, además de ser fundamento de reconocimiento también por parte de quienes así perciben que efectivamente se les reconoce y se les respeta. Y será, creo, también, fuste sobre el que apoyar que a su vez, te reconozcan y así, aprecien también, más allá de mitos y tópicos, que son muchos siglos de trabajo en común, también, lo que une y funde a unos y otros, sin perjuicio de las necesarias críticas racionales que entre interlocutores solventes también han de aparecer, con el fin, precisamente, de mejorar la relación continua en que ha de basarse siempre toda unión.
Mostrar lo que de bueno tiene también esa unión, no abundando en lo que separa, como hacen algunos, y las ventajas de todo tipo, para todos, que tiene, es una tarea que deberían abordar los partidos políticos, trabajando a largo plazo, no a corto, con estrategia, no con táctica, con lealtad, no con oportunismo.
El tema es lo suficientemente serio como para tomárselo en serio, cuestión que no hacen ni de lejos los dos grandes partidos nacionales ni tampoco los nacionalistas, más preocupados unos y otros por sacar adelante un tema concreto y en contra de otro partido sumando votos en cada coyuntura y no teniendo una visión de largo plazo y de futuro.
Las aportaciones de sentido común y de pragmatismo que el catalanismo hizo al resto de España, han sido de lo mejor que se ha logrado para mejorar colectivamente y ahí está, recientemente, la propia transición política (hoy olvidada, asombrosamente) o la visión de Estado que llegó a tener el President Pujol, capital para todo el país en un momento tan dramático como el golpe de estado dado por un fascismo trasnochado el 23- F.
Escuchar y conversar. No es poco. Porque del coloquio se aprende y de entrada se sabe que otro tiene exigencias, derechos, reclamaciones, y, a su vez, tendrá que atender también a las que se le expongan. Ciertamente puede ocurrir que circunstancias de toda índole, esencialmente políticas, instalen en una posición privilegiada a quien sumando votos puede decidir en una situación concreta y así se consideren siempre fiel de toda balanza, olvidando el papel esencial de interlocutor y no de ganador de prebendas o privilegios. Esto no interesa ahora. Interesa más bien, buscar entendimientos a largo plazo.
Y aquí, de nuevo, los partidos políticos tienen la absoluta obligación moral, ante la seriedad del asunto, de entenderse para construir bases fiables, seguras, aún cuando fueran modestas, para ir consiguiendo fórmulas de amplio entendimiento. No sirve el cortoplacismo. Sirve por el contrario los acuerdos y la propia fórmula para lograr llegar a acuerdos. En muchas cosas hay que “ir a medias” fórmula habitual de lograr el acuerdo en caso… de desacuerdo. La mitad suele ser un buen lugar de encuentro en casi todo. Recordémoslo y hagámoslo recordar.
Un caso concreto es el de la financiación, donde por cierto se han cometido exageraciones y falsificaciones de la realidad también por parte de quien simplemente se queja. Además de que existen varias fórmulas de cálculo de las balanzas fiscales, no coincidentes por demás, asimismo tiene importancia que se reconozca que si los índices sitúan a Cataluña en tercer lugar en las posiciones de salida y en décimo lugar tras el trasvase de solidaridad, Madrid se encuentra en primer lugar en el rango de partida y en undécimo lugar en el de llegada tras la detracción solidaria. Igual Baleares, por ejemplo. No hay que mezclar victimismo y populismo para generar una narración política metafórica y una escenografía letal para cualquier actitud racional y sensata, donde la hipertreatatalidad y el histrionismo sustituyen a la responsabilidad, la dignidad y, también, las cuentas y los números.
Hay que hacer los números, desde luego. Y ver en qué consiste de verdad, la opción de una modificación sustancial de la financiación que sirva para encajar con exactitud las necesidades reales de una Cataluña moderna, eficaz, solidaria, y finalmente consistente. Porque esos números, y su método de revisión, son fundamentales si se quiere abordar con racionalidad una situación estable y sólida para todos.
Más argumentos y menos emociones, servirán para situar las cosas en su sitio, para convencer y no meramente vencer, para trabajar y no quedarse en la mera y tensionada intimidación, porque no hay que tener miedo a nada, desde luego tampoco a hablar y a construir un diálogo permanente y solvente.
Y trabajar en común supone, también, criticar a terceros cuando éstos son los beneficiarios netos de la situación consecuencia de la tensión general. Así si en determinadas regiones resulta que se vive de la subvención y no del trabajo, y esas subvenciones tienen múltiples formas de adherirse a la piel social de manera que ya constituyen una forma de vivir, los catalanes deben exigir formalmente, más allá de las siempre oportunas aportaciones que ha hecho hasta ahora Durán y Lleida con caracterizada prudencia y comedimiento , que se acabe con ese parasitismo, falsamente revestido de piadosa solidaridad y en realidad encubridora de un régimen que absorbe recursos de los catalanes, desde luego, pero también de madrileños, etc. Tienen que implicarse seriamente en los asuntos de Estado y con todo el peso y fuerza que da ser una Autonomía Especial.
Porque también es imprescindible reconocer que Cataluña tiene que ser, y estamos a tiempo, una Autonomía especial y no una más. Desde Tarradellas, que fue un serio político que sumaba a sus muchos años su mucha experiencia y su mucha sabiduría, tendríamos que haber aprendido todos que el jacobinismo de la tabla de quesos igual para todos ni funciona ni debe funcionar. Cuando ni se sabía siquiera cuales y cuantas serían las Comunidades Autónomas, Cataluña tenía existencia y presencia consolidada, que no se puede diluir en modo alguno en un traje igual prêt-à-porter. Hay que estudiar seriamente el asunto, para establecer las cualidades específicas que merece el Principado y hacerlas nuestras completamente.
Quizás los académicos podamos aportar algo. Y en este sentido sería bueno que iuspublicistas y economistas de Cataluña y de Madrid, (y de Baleares, etc) que tengan cualificación y excelencia, inicien un pequeño diálogo que solvente algunos de los temas y preparen con criterio el camino a los políticos. Es una pequeña propuesta, muy modesta, pero es lo que puedo ofrecer.
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Catedrático de Derecho Administrativo
JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.
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