Cosas que no me atrevo a decir
domingo 16 de septiembre de 2012, 17:57h
Hay tantas cosas que no me atrevo a decir para evitar el aluvión de críticas y encasillamientos que me siento abrumado, autocensurado, estúpido. Un miedo feroz a que mantener una opinión –solo eso, una opinión, argumentada siempre, por supuesto, pero debatible - derive en un insulto, un alejamiento, la pérdida de una amistad o el burdo “este tío es un rojo, un facha, un anticatalán, un proetarra, un antisemita, un yanqui vendido…”. Esto es así y supongo que exponerse es lo que tiene, así que voy a perder todos los miedos de una vez y que caiga la que caiga.
Bien, creo que lo de la Diada catalana fue un pequeño esperpento berlanguiano. No se me ocurre otra definición. Un millón de personas agitando sus banderas como si aquello fuera la Plaza de Oriente en los años 60, toda esa argumentación de “Cataluña para los catalanes” que es exactamente la misma de Le Pen en Francia, esa manera de desviar la atención de los políticos que dirigen Cataluña desde hace lustros, los de los negocietes, los Palaus, las Bancas Catalanas, los hermanos colocados por doquier, las embajadas para militantes a coste público, el déficit pese a los recortes constantes y brutales en educación y sanidad, la renuncia a la solidaridad y a la vez la petición de solidaridad por parte de Europa en la misma pancarta… me supera y por supuesto me obliga a aclarar: amo Barcelona, chapurreo catalán cada vez que puedo, tengo un afecto enorme por mis muchísimos amigos catalanes, también los que fueron con su estelada al numerito de “un pueblo, un estado, ¿un líder?”. Simplemente, no los entiendo, y creo que decirles “no os entiendo, no entiendo el nacionalismo, ni el de Franco ni el vuestro”, solo decirles eso, me va a generar una serie de odios que me duelen. Muchísimo.
También creo que Bolinaga puede ser excarcelado. Que puede serlo, que no es un escándalo, que igual es parte de una negociación y el tío es el mayor miserable de la historia de la humanidad pero que me alegra vivir en un Estado de Derecho que hace que alguien que pesa 47 kilos y tiene dos metástasis e igual le quedan seis meses como le quedan seis semanas como le quedan seis días de vida muera en su casa. Y si otros presos no tienen esa suerte por no pertenecer al lobby etarra, me da vergüenza que no la tengan y no al revés. Detesto a Bolinaga, detesto ETA, mi posición sobre el nacionalismo ya está suficientemente clara, pero, ¿es tan importante todo esto? Se está muriendo. Nadie sabe los plazos. Nadie pide simpatía por él, simplemente me pregunto, ¿es una vergüenza, una rendición, una humillación… que un enfermo terminal salga de la cárcel a su casa a morirse? ¿No hay término medio?
Y no me vengan con que no saben si está “terminal”. Si tienen un familiar en esa circunstancia, ya sabrán también que un médico no es un cronómetro. Desgraciadamente, yo lo tengo.
Más cosas: lo de Libia me parece intolerable y las respuestas me asustan aún más: “Después de la primavera árabe llega el otoño islamista”, dicen, como si la libertad fuera imposible en esa región, como si los responsables, los pastores del odio no tuvieran nombre y apellidos. El discurso de Obama al respecto fue impecable –por cierto, me gusta, y mucho, Obama, y no tiene nada que ver con que sea negro, porque el sueño de Martin Luther King consistía precisamente en que nadie viera a Obama como un negro- dejando claro que los asesinos no son “los libios” sino la turba concreta de libios que quiere hacerse con el país. Oyendo a algunos parece que quieren que vuelva Gaddafi. Con Gaddafi se vivía mejor, claro.
Creo que me queda algo dentro, pero no recuerdo qué es. Ah, sí, el aborto. La necesidad de pronunciarse “a favor” o “en contra” de una ley del aborto sin tener los conocimientos bioéticos necesarios, de manera que si dices “bueno, es que un feto puede considerarse un ser humano a partir de un momento dado, hay que determinar bien el momento para saber si le corresponden los derechos de cualquier otro ser humano” es que eres un fan de Rouco Varela. ¡Yo, que no estoy ni bautizado y quiero sacar a Bolinaga de la cárcel! No hay margen para el debate, todo tiene que partir de un prejuicio y es una pena.
A mí me gustaría contar las cosas como las veo, sin más, explicarlas, argumentarlas, equivocarme mil veces y que mis lectores, mis amigos, me intentaran sacar del error y no lapidarme. No sé si después de esto será posible.
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Escritor, analista y profesor
GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.
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