Frente al cortometraje provocador contra el Islam
La marea salafista acusa al “Satán de Occidente”
martes 18 de septiembre de 2012, 13:23h
Los movimientos salafistas, que predican una vuelta a lo que consideran “la pureza de los primeros años del Islam” y el retorno a los principios expuestos por el profeta Mahoma y aplicados en la sociedad de su tiempo, han aprovechado la indignación suscitada en amplias capas de la sociedad islámica por el cortometraje “La inocencia de los musulmanes” que ridiculiza y zahiere la figura del primer predicador y organizador del Islam tratándolo de mujeriego e impostor, para invadir el espacio político y erigirse en únicos defensores de la religión profesada por mil trescientos millones de personas en todo el orbe.
Todos estos grupúsculos fundamentalistas, algunos de ellos partidarios del Yihad violento contra Occidente, han comenzado a salir a la luz pública durante el proceso llamado de “la primavera democrática de los pueblos” en África del Norte y Oriente Próximo. Los salafistas ni fueron sus promotores, ni sus organizadores. Simplemente se aprovecharon de la agitación anti-dictatorial que comenzó en la vieja Cartago y culminó con los cambios de régimen en Túnez, Libia y Egipto, las incipientes modificaciones institucionales en Marruecos, Argelia y Jordania, y la guerra civil desatada en Siria. Ni siquiera los partidos islámicos ganadores de las Elecciones organizadas en Túnez, Libia y Egipto, fueron los promotores de “la primavera árabe”; tanto menos los grupúsculos salafistas partidarios de la Charia como “fuente exclusiva e irremplazable de la jurisprudencia islámica” y única “Constitución” válida para el mundo musulmán.
Al calor de las protestas populares contra la difusión del provocador cortometraje, algunos grupos radicales han aprovechado para atacar las representaciones diplomáticas occidentales, en Libia, Egipto, Yemen; otros para ajustar cuentas con rivales políticos, en Túnez, Líbano; e incluso otros para robar y saquear, como ha ocurrido en la localidad de Zinder, segunda ciudad de Níger, donde grupos de malhechores atacaron dos templos protestantes y una iglesia católica destrozando los edificios y robando sus bienes. En otros países los salafistas quieren “levantar cabeza” y mostrarse visibles ante una sociedad convulsa y absorta. Es el caso de Marruecos, donde un grupo de 200 salafistas se manifestó en Salé, quemando una bandera estadounidense.
Precisamente los posibles enfrentamientos entre musulmanes y cristianos en todo el orbe islámico preocupan las cancillerías occidentales. En una gran parte de los países árabes coexisten mal que bien los fieles de ambas religiones. En algunos países las “minorías” cristianas son multitudinarias. En Egipto, Líbano, Iraq, Siria, Sudán, Kuwait, Libia, Nigeria, Senegal, Etiopia, Somalia, Eritrea y muchos otros, hay decenas de millones de cristianos. La iglesia copta egipcia con 15 millones de adeptos ha salido a manifestar rápidamente su solidaridad con los musulmanes ofendidos, al tiempo que condenaba sin paliativos el film. “Nuestra comunidad – afirman las autoridades coptas – rechazan cualquier intento de insulto o desprecio destinado a desencadenas la sedición entre los creyentes a nivel internacional”. En un primer momento se acusó a “extremistas coptos de Estados Unidos” de ser los autores del cortometraje.
La reacción de la Iglesia copta egipcia no ha impedido al notorio salafista egipcio Ahmad Abdallah, de proferir amenazas groseras contra los creyentes cristianos. Hace tres meses, Ahmad Abdallah, alias jeque Abu Islam, creo en El Cairo la primera cadena de televisión 100% niqab. “Un retroceso de siglos” para los intelectuales liberales y demócratas egipcios, producido por “una bastarda interpretación de las libertades y los derechos democráticos”.
Numerosos dirigentes del mundo islámico han salido a condenar la realización del cortometraje, al tiempo que manifestaban su rechazo a la violencia engendrada en contra de representaciones diplomáticos lamentando la muerte del embajador norteamericano en Libia y de otros tres funcionarios en el asalto al consulado en Benghazi. Así lo han hecho el gobierno de Argelia y el rey Mohamed VI de Marruecos; pero también islamistas como el partido Enahda, gobernante en Túnez y el presidente egipcio Mohamed el Mursi, entronizado en el primer sillón del poder cairota por la cofradía de los Hermanos Musulmanes, ganadora de las Elecciones egipcias.
Occidente no tiene la fórmula para solucionar el problema suscitado por los tumultos salafistas. La pelota está ahora en el campo de los gobiernos de los países islámicos, si serán capaces de contener la revuelta y poner orden en sus filas.