¿Y ahora qué? ¿Tiene Mas alguna estrategia alternativa?
viernes 21 de septiembre de 2012, 01:16h
Artur Mas resumía su encuentro ayer con Mariano Rajoy con un “no ha ido bien”. Se refería así a la negativa del Presidente del Gobierno en dar un trato de privilegio a Cataluña en lo que a financiación se refiere. No clarificaba Mas si el hecho de salir de Moncloa con las manos vacías iba a implicar la convocatoria de elecciones autonómicas anticipadas en Cataluña, aunque tampoco descartaba esta posibilidad. Se quejaba igualmente de la “cerrazón” de Rajoy hacia Cataluña aunque, en puridad, esto no es exacto.
Y es que la oposición de Rajoy a que el nacionalismo catalán quiebre -aún más- la solidaridad fiscal de España redunda también en beneficio de los propios catalanes. Sus principales empresarios miran con recelo una aventura soberanista que les puede costar muy cara, casi tanto como la factura del tripartito; esa que tanto está lastrando al actual Govern. Es cierto, los ciudadanos catalanes aportan más de lo que reciben, pero es porque la mayoría de los ciudadanos que viven en Cataluña tienen mayor riqueza: los impuestos son individuales y progresivos. Por eso, en ciertos lugares como Madrid (en primer término), Baleares o Cataluña se contribuye más. Lo mismo que Pedralbes aporta más que Hospitalet. Y son más ricos, no sólo gracias a sus virtudes, sino al trabajo de otros tantos ciudadanos del resto de España que contribuyen así a la grandeza de Cataluña.
Cataluña, por su parte, se beneficia igualmente de ser tanto parte de España como de Europa. Y, o se está con las dos o con ninguna. Tenga bien presente el nacionalismo catalán que salirse de España es también salirse de Europa. Con la actual situación de falta de liquidez y desempleo que vive Cataluña, no parece que sea el mejor momento para ir jugando peligrosamente con posturas secesionistas. Sin embargo, Artur Mas se ha encerrado a sí mismo en un callejón de difícil salida: no se lógico pretender negociar concierto alguno hoy, para pedir la secesión mañana. Antes o después, el señor Mas tendrá que enfrentarse a la realidad. Y no le va a gustar.
El nacionalismo es un producto intelectual primitivo y, con frecuencia, explosivo. Lo ha sido en grado sumo en el terrible siglo XX europeo.Y, desde luego, es mucho más visceral y emocional que racional. Porque, para empezar, es un mal negocio. Para todos, sobre todo, para Cataluña. La cuenta de la vieja nacionalista siempre sale mal. Entre otras cosas, porque está basada en un contrafactual, consistente en pensar que uno cambia y el resto de los factores se queda quieto. Y lo cierto es que la realidad no se comporta así. A una acción, corresponde una reacción en todos los ámbitos. Por eso, el sumar ese 8% del PIB que aporta Cataluña a la cuenta el día después de la secesión es un error grosero de cálculo. A los efectos, los secesionistas tendrán que empezar a restar las cantidades que la reacción de su acción provocará. Y se van a llevar el susto de su vida.