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Si Cataluña cree que es Messi, ¿por qué actúa como Cristiano Ronaldo?

viernes 21 de septiembre de 2012, 20:59h
Durante el mes de junio de 2011, el presidente Artur Mas tuvo que entrar en helicóptero a un pleno del parlamento catalán en el que se decidían recortes brutales que con el tiempo han quedado en poca cosa. Eran los tiempos del 15-M y de una furia anti-partidos extendida por todo el país y que en Barcelona tenía un buen vivero: pocos meses antes se habían celebrado las elecciones más importantes de la historia democrática de la ciudad, con la posibilidad de que CiU, por primera vez desde la muerte de Franco, consiguiera la alcaldía. Unas elecciones tan cruciales y decisivas se solventaron con un 47% de abstención, es decir, del millón y pico de barceloneses llamados a elegir su futuro durante los siguientes cuatro años, más de medio millón se quedó en casa y hasta 37.000 ciudadanos votaron nulo o en blanco.

Exactamente eso es lo que les importaba a los barceloneses su futuro político y tampoco vamos a culparles cuando en Madrid votaron a un alcalde y a una presidenta de la Comunidad y menos de un año y medio después ya no está ninguno de los dos.

Con todo, las cifras no eran malas si se comparaban con el interés habitual de los ciudadanos barceloneses -y catalanes en general- en las distintas convocatorias electorales: en 2007 la abstención superó el 50%, el referéndum para la aprobación del nuevo Estatut salió adelante con un 49,4% de participación (y más de 150.000 votos nulos o en blanco) y el propio Mas ganó las elecciones de 2010 con un 41,2% de censados que prefirieron no emitir su voto. Es complicado hablar de “Cataluña” y de sus ciudadanos teniendo en cuenta la opinión de sus políticos cuando estos reciben sistemáticamente un apoyo tan escaso en las urnas.

El caso es que dieciséis meses después de la historia del helicóptero, Mas ha sido recibido como un héroe en la Plaza de Sant Jaume. Solo fueron mil entusiastas al grito de “independencia”, probablemente algunos de los mismos que habían gritado el día anterior en el Camp Nou, mereciendo un eco mediático insólito. ¿Qué ha cambiado en Cataluña? Poca cosa: más recortes, más paro, la misma agresividad policial, leyes más restrictivas y moralistas… ¿Por qué ahora Mas es un ídolo, entonces? Porque ha encontrado la cortina de humo perfecta: ha agitado el muñeco del enemigo común y la cosa se ve que funciona.

No importa que el discurso de bandera, himno, patria y “dinero catalán para los catalanes” suene más a Le Pen que a otra cosa, lo importante es que parece haber calado en parte de la sociedad y sobre todo en la prensa. Los ciudadanos de Cataluña tendrán que decidir si quieren ese liderazgo y si realmente son tan fáciles de engañar. Intuyo que desde dentro se ven como pequeños Messis que se enfrentan valientes a sus rivales con mil regates y salidas imposibles; sin embargo, desde fuera, sus políticos cada vez aparecen más como Cristianos Ronaldos: con ese punto de tristeza que da el ensimismamiento, el convencimiento absoluto de que todo se hace bien y si no se reconoce es por una conspiración externa, por envidia, por odio, porque “somos ricos, guapos y jugamos bien al fútbol”.

Hay algo de queja caprichosa en este aluvión repentino de nacionalismo y algo preocupante en cómo la prensa ha mordido el anzuelo y tras la prensa un buen montón de ciudadanos. Mas como gran líder, como el Eladio Paramés de turno dispuesto a saltar contra quien sea que se meta con su niño bonito mientras le repite: “Tú eres el mejor, tú nunca te equivocas, si alguien te critica solo puede ser porque te odia, aunque juegue en tu mismo equipo”. Y así, Cataluña sale triste en la foto, en la rueda de prensa, maltratada, vejada, sin su Balón de Oro de la independencia, incapaz de preguntarse si no estará haciendo algo mal, si no estará dejando que algunos salven la legislatura –y apuntalen la siguiente- a base de peloteo y ensimismamiento, ocultando a los Felip Puig y a los Millets y sonriendo entre las montañas nevadas, las banderas al viento.

Guillermo Ortiz

Escritor, analista y profesor

GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.

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