Ir a versión MÓVIL

www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

La indiferencia

sábado 22 de septiembre de 2012, 16:33h
Hay un hombre acostado en una acera y unas decenas de personas que pasan por ahí piensan que está plácidamente descansando. Pasan. Una se agacha y le interpela, lo agita y le pregunta si puede ayudarle. Una decena de personas se arremolinan alrededor y comienza el espectáculo: llamada a la ambulancia, a la policía. El hombre sangra por la cabeza, desde hace horas, mientras muchos pasan. La indiferencia.

Un estudio clásico de la psicología cuenta como ante situaciones extrañas reaccionamos siguiendo a la masa, si otro da el primer paso, yo le sigo, si nadie se inmuta, no me inmuto. Esta tendencia a asimilarse al grupo es la base de los tumultos de la masa y la base de la indiferencia entre individuos. Nuestra cultura sigue indiferente a una verdadera conciencia del grupo donde el miedo a quedarse fuera es superior al poder del propio criterio y a la conciencia de la necesidad de la comunidad.

El diferente es el que da el primer paso porque distingue, diferencia y tiene criterio y este diferenciar mueve su voluntad. En este mundo de incertidumbre donde no hay lugares de seguridad, donde se ha perdido la esperanza cómoda de la planificación porque 'con todo lo que está pasando' no se sabe lo que va a pasar, tampoco se despierta el criterio propio y la voluntad se deja estar llevada por la generalidad de lo que la masa hace.

Somos más masa que nunca, acunados por suaves movimientos soportamos los cambios bruscos de la realidad atenuándolos, haciéndolos un poquito más indiferentes. Seguir el cambio fue siempre difícil, preferimos la estabilidad como decía ya Parménides y desarrollaba Platón. ¿Pero a qué precio? Al precio de la indiferencia y la reconcentración egoísta, de la carencia de solidaridad y de la agudización del instinto de superviviencia pero ahora desligado de la comunidad. Si el sálvese quien pueda gana, la sociedad se diluye y actuamos el hombre lobo que Hobbes describía. Pero no ser lobos no quiere decir ser mansos corderos, sino leones y niños nietzscheanos que tienen un alto concepto de la vida, no de la vida por la vida, sino de una vida cualitativa que no viene dada sino por la que hay que luchar, jugar, gritar, bailar, crear entre individuos para el grupo.

De indiferencia no se vive, se muere lentamente. Con indiferencia no se convive, se mata lentamente.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.