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Reforma educativa: por el buen camino

domingo 23 de septiembre de 2012, 08:09h


El anteproyecto de ley presentado por el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, se ha concebido de una manera tan sensata como oportuna. La situación educativa en España es más que preocupante. La idea que se ha propagado machaconamente de que tenemos la generación mejor preparada de la Historia no deja de tener mucho de mito, de demagogia, y de ilusión que choca contra la fría y tozuda realidad que nos remite a un alto índice de fracaso escolar –en torno a un 26 %, duplicando la media europea-, a que España aparece de manera sistemática en los últimos puestos de los sucesivos Informes PISA, y a que ninguna de nuestras universidades está en las listas que periódicamente se confeccionan de los mejores centros de enseñanza superior del mundo.

En líneas generales, la reforma de Wert se basa en más controles de calidad y en la clara apuesta por los principios del esfuerzo, la responsabilidad y el mérito, tanto en profesores como en alumnos, así como en poner en primera línea la búsqueda de la excelencia. Entre otros aspectos, destaca la introducción de cuatro pruebas de revalida: en 3º y 6º de Primaria, en 4º de la ESO, y en 2º de Bachillerato, junto al refuerzo de las asignaturas básicas de Matemáticas, Lengua e Inglés. Por otro lado, hay que recibir de manera muy positiva el aumento en un 10 % de las materias comunes que regulará el Gobierno de la Nación, que pasará a ser del 75 % en las Comunidades con enseñanza en castellano, y del 65 % en las que hay dos lenguas cooficiales. Iniciativa que pondrá necesario coto a una nefasta dispersión y al abuso de Comunidades que, como la catalana y la vasca, trajeron el agua de la educación a su molino nacionalista. Es decir; como Franco, pero al revés.

Sin duda, la enseñanza es uno de los ámbitos de más trascendencia en toda sociedad, pues en él está en juego el futuro. Contar con un sistema educativo sólido, coherente, competitivo y bien estructurado es un elemento absolutamente imprescindible para el desarrollo y progreso de cualquier país. Siempre es así y más, si cabe, en los tiempos de gravísima crisis que nos asola. La puesta en marcha de la reforma debe hacerse con premura. Y sin que ello implique dejar de profundizar en este camino.
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