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CRÍTICA

José María Marco: Una historia patriótica de España

domingo 23 de septiembre de 2012, 14:08h
José María Marco: Una historia patriótica de España. Planeta. Barcelona, 2012. 654 páginas. 24,90 €
Es posible que seamos los españoles uno de los pueblos más preocupados por su historia y por su misma identidad. Es probable también que pocos nos superen en la visión desgarrada y a menudo hipercrítica con que solemos contemplar nuestra vivencia colectiva. Es cierto que una parte no desdeñable de la psique colectiva ha preferido optar por el camino contrario, defendiendo a la patria de infundios y construyendo una narración popular en la que predominan el carácter épico y la misión salvífica, pero en números absolutos son los menos los que han frecuentado esa vía, generalmente concebida como minoritaria y reaccionaria –en el doble sentido de que se produce como reacción a la doctrina predominante del pesimismo nacional y por su carácter ideológicamente conservador y, por decirlo todo, de “derechas”. Así resulta que los grandes patriarcas de la historiografía moderna –Américo Castro y Claudio Sánchez de Albornoz- no logran ponerse de acuerdo a la hora de decidir si nuestro gen comunitario es romano, judío, árabe o cristiano; y el gigantesco Don Marcelino Menéndez y Pelayo nos dice que la mejor, y en el fondo la única, historia de los españoles es la que nos hizo “martillo de herejes y luz de Trento”; y la gesta del descubrimiento y colonización de América queda en las manos censoras de Fray Bartolomé de las Casas; y los nacionalismos independentistas de última hora, siempre ayudados por la inconsciente pasión bien pensante de la izquierda local, niegan la misma existencia de una historia española para concentrarse en la miríada de sus ombligos, ensueños y fábulas.

José María Marco ha tenido el sano atrevimiento de dar a la luz una historia de todos los españoles, del sentido y evolución de sus aventuras comunes, de los lazos que les unen y les separan, de las razones que tienen para sentirse moderadamente satisfechos de la secular convivencia. Es este un texto que no pretende enmendar la plana a nadie –está concebido desde una óptica tan observadora como modesta- pero con el sano propósito de extender a la vista del lector una sucesión de acontecimientos dignos de ser reseñados tanto en el haber como en el debe de gentes que llevan siglos compartiendo el mismo solar. En realidad, es esa voluntad de subrayar la comunidad de peripecias la que sirve de guía rectora del volumen, junto con la ya declarada en el título de hacerlo de manera “patriótica”, adjetivo que no debe confundirse con la fácil sentimentalidad del patrioterismo: Marco ha escrito un libro documentado y reflexivo, en el que cuadran los datos y son certeras las interpretaciones, pero cuyo resultado, si de resultado se trata, es poner de relieve un fresco que en verdad merece la calificación de nacional. Para describir una historia que como pocas otras ha influido decisivamente en los últimos dos mil años de historia de la humanidad.

Como cabía de esperar del empeño, y a pesar de su voluntad sintética, es este un libro voluminoso digno de una lectura tan atenta como reposada. Ayuda notablemente a ello el hecho de que José María Marco, profesor universitario, escritor ya fecundo, distinguido articulista y agudo filósofo, maneje la pluma con soltura y gracia: Una historia patriótica de España maneja los ingentes datos que la componen con la habilidad de lo que, en realidad, es un buen relato. Nunca se agradecerá suficientemente la claridad y la regularidad del estilo en aquellos que tienen la sana manía de escribir. Son virtudes no siempre conocidas y muchas veces conculcadas.

Esta historia llega hasta ahora mismo, hasta el final del periodo gran guiñolesco de la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, de manera que constituye un completo recorrido por la historia española. Si otras fueran las circunstancias y mejores los tiempos cabría recomendarla como lo que, en realidad, debería convertirse: un texto escolar para la introducción a la historia de España de todos los niños españoles. Sería una buena manera para que generaciones futuras comprendieran que este, España, no es un país artificial, ni una herramienta de la que se sirve Castilla para sojuzgar a vascos y catalanes, ni una débil entidad de cucaña que nada aporta y para nada sirve. Sería también útil para comprender la etapa de la libertad española abierta a partir del año 1975 tanto como el resultado de tragedias y alegrías comunes como la clave para la construcción de una comunidad de ciudadanos libres e iguales que tantas y tan importantes cosas tienen en común.

Pero aunque no llegue a convertirse en libro de texto, pretensión que podría dar lugar a un aparatoso enfrentamiento con los españoles que no quieren serlo, si cabe al menos recomendar fervientemente su lectura para aquellos que no conocen suficientemente nuestra historia, para aquellos que la han olvidado y para los de más allá que querrían saber un poco más de ella y no osan plantear las preguntas que su ignorancia requiere. Sería también una buena manera de contribuir a recordar lo que el dictum tradicional nos enseña: “desgraciados aquellos pueblos que no conocen su historia: están condenados a repetirla”.

Por Javier Rupérez
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