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RESEÑA

Miguel Ángel Velasco: La muerte una vez más

domingo 23 de septiembre de 2012, 17:01h
Miguel Ángel Velasco: La muerte una vez más. Edición de Isabel Escudero. Tusquets. Barcelona, 2012. 320 páginas. 19 €
La muerte no debiera dejar desprovista a persona alguna cuando acude, guadaña en mano, a extender su negro manto sobre nosotros. Sin embargo, esas hilanderas irrespetuosas que son las Parcas sesgan vidas con la ligereza del campesino que siega la mies. Por suerte, la obra póstuma con que llegó la desaparición de Miguel Ángel Velasco no ha sido desprovista del cuidado necesario para ser puesta en circulación. La muerte una vez más es el rótulo bajo el que Isabel Escudero recoge tres libros concluidos y cerrados por el malogrado poeta: Espinas, Historia de las manos y La muerte una vez más. De añadidura va un “cuaderno circulatorio”, como se llama en la nota que precede a esta edición. En él reposan un fondo de poemas sueltos de diferentes épocas y con temática variable con el bello y exacto título de Circulaciones. Algunos de ellos habían ya aparecido en poemarios anteriores o se agavillan en el trío de poemarios póstumos que ahora ve la luz. Era por tanto un cuaderno transitorio de poemas donde moraban hasta encontrar mejor acomodo. Ese cuaderno íntimo, pertenece más a la oficina del escritor que a la luz pública, nos parece. Y, sin embargo, sólo caber respetar la voluntad del finado y como esta edición la dirige el cariño hacia al poeta, nos permite asomarnos a esos poemas ultimísimos de Velasco.

Aunque el poeta mallorquín ya poseía en su haber dos buenos libros, uno de ellos merecedor del Premio Adonais, consiguió repercusión notoria con El sermón del fresno a mediados de los años noventa. Tras él una serie de libros de buena factura fue coronada en 2003 con La miel salvaje, que abría con un poema aún perdurable, “Las heridas de los dioses”.

Miguel Ángel Velasco fue “maestro en convocar a la muerte venidera”, en otras palabras, es un poeta que se jugó a sí mismo en muchos de sus poemas. Sin desperdicio de que estos últimos poemas presentados ahora, rijosos algunos, muestran una vertiente más combativa y rebelde. Donde caben, además, la sorpresa experimental de “Llama”, la sensualidad de “Memoria del arder” que habla “de aquella dulcedumbre de fundirse” o la reflexión contemporánea a cuenta de la vergüenza (shame) de “YOUTUBE”

De La muerte una vez más extraigo en homenaje esta variación de “Caja de Compás II”: “Cuando yo ya no esté y tiréis mis cosas / al cubo de las cosas ya sin alma, / a quien tome la caja / del compás, yo le ruego / lo haga con cuidado: mi niñez / plegada duerme dentro. // Y aún otra cosa más / le he de pedir: no un círculo / completo, que ello fuese / demasiada merced para mi sueño / sin tiempo, un arco basta, sugiriéndole / el columpio del sol, que mi niñez / sabrá hacer lo demás cuando regrese / a su funda morada”.

Una cita de Justo Jorge Padrón es oportuna para cerrar esta crónica -y bien podría haber entrado en el libro de Historia de las manos: poeta Miguel Ángel Velasco has de saber que “sólo muere la mano que te escribe”.

Por Francisco Estévez
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