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Generación perdida

jueves 27 de septiembre de 2012, 20:56h
Es muy triste que los jóvenes españoles de la generación posiblemente mejor preparada científica, técnica y culturalmente que jamás haya tenido España tengan que irse al extranjero a buscar algún trabajo, a labrarse un porvenir, un futuro y un pan que su país les niega. Creo que es una de las tragedias más sangrantes y más dolorosas que puede ocurrirle a una sociedad y en este caso a nuestra patria. Hace pocos, muy pocos años, España era un país próspero y magnífico, optimista y lleno de ilusión, de futuro y de proyectos, en muy poco tiempo ha pasado a endosar las filas de esos países arruinados y sin futuro en los que la gente joven se ve obligada a abandonar, salvando las distancias es algo parecido desde el punto de vista conceptual a las pateras. Me duele España yo que la he visto tan de cerca siempre, que la he vivido, y como la veo ahora. Los hijos de mis amigos están emigrando o lo han hecho ya, ellos , sesentones, me lo cuentan tristes y abatidos, sus mujeres lloran, ellas, las mamás lloran, piensan, intuyen que ya nunca volverán, que esta crisis inacabable habrá roto para siempre la unidad familiar, algunos se han ido a Dinamarca, otros a París, otros aún más lejos a Dubai, o a Tailandia, les pagan muy poco aquí o no encuentran trabajo y se desesperan, en realidad buena parte por no decir la inmensa mayoría de los hijos de mis amigos se han marchado ya, han emigrado, y esto me llena de pena y de melancolía porque precisamente los hijos de los franceses o de los alemanes no necesitan emigrar, tienen trabajo en sus países de origen, y ¡qué bendición de Dios es poder vivir, trabajar, casarse, fundar una familia y llegar a morir de viejos en el país donde has nacido, donde viven tus padres, tus hermanos y tus amigos!, creo que no nos damos bien cuenta de lo que está pasando a través de esta tragedia, que lo es y que se debe a que tenemos cerca de seis millones de parados y a más del 50% de la juventud con estudios universitarios, con másteres, dominando uno, dos o tres idiomas y sin encontrar trabajo, están los que ni estudian ni trabajan y que superan ya los dos millones y medio de personas, o sea, destrozados, aplanados, derrumbados, deprimidos. Si a esto añadimos que todos esos jóvenes como gaviotas vuelan hacia otros continentes, hacia otros países, esos mismos jóvenes dejarán de cotizar y por lo tanto el Estado llegará un momento que no podrá pagar los subsidios y las pensiones a una sociedad envejecida, a unos cuantos viejos dispersos en un inmenso páramo como árboles desnudos en un invierno gélido y barrido por vientos y nieves inmisericordes.

No voy a dar nombres de estos jóvenes que ya se han ido ni el de sus padres que sienten y lloran su ausencia, solo quiero decir que buena parte de la culpa de este desastre, de esta tragedia, la tienen los políticos que nos han estado gobernando durante los últimos años y el sistema administrativo insostenible para un país y unos habitantes que no lo podían soportar, ellos y solo ellos son los culpables de semejante desastre y además y aparte de su inoperancia e incompetencia han estado proliferando y alimentándose de la sangre de estos pobres muchachos que ahora tienen que emigrar cuando España era un país tan envidiable hace tan solo dos, tres o cuatro lustros. Tenía que llegar un ángel exterminador con una espada de fuego y arrojarlos a todos juntos a un sëol del cual no volvieran jamás. Si a esto añadimos el separatismo que ahora prolifera rampante en un organismo que agoniza verdaderamente es como para matarles a todos.

Perdónenme los lectores estos ataques de furia que me acometen de vez en cuando pero ya no cuando leo la prensa u oigo la radio sino cuando veo a mis amigos y a sus familias entristecidas y desoladas. ¡Cuidado, que cuando comencé a trabajar en el año 1970 no había ni un solo parado en España y todos tenía uno o dos trabajos, cuantos querían, y su cochecito y su piso de protección oficial y comenzaban a comprarse una segunda vivienda en la playa o en la montaña!, por supuesto que no había ni partidos políticos, ni comunidades autónomas, ni reinos de taifas, ni separatismos, ni gobiernos autonómicos, ni presidentes, ministros, consejeros, asesores, parlamentos, ni empresas fantasmas adscritas a tal o cual ministerio, pero claro, no se puede hablar de esto porque está mal visto, ¿ pero y el dolor de esas madres que como en “Guerra y Paz” o en las obras de la Generación del 98 ven las calamidades que pasan sus hijos superpreparados - repito - y sin tener a donde ir, con unas inversiones enormes en enseñanza y después para nada?

Sí amigos, las mamás lloran y lloran porque no les queda otro remedio u otra alternativa, seguro que en 1970 no hubieran llorado y a mí me hubiera gustado titular este artículo de otra manera pero ya no puedo hacer nada, estoy jubilado como Carrascal y como tantos otros, solo me queda escribir hasta que me muera y juro por Dios que lo seguiré haciendo.
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