Según los principales y más recientes sondeos, el PNV vencería con entre 23 y 24 escaños, siete y seis menos que los cosechados en 2009. Con 22, EH Bildu. El PSE apenas alcanzaría los 17 y el PP se mantendría en 12-14. UPyD, EA y EB, con un representante en la actualidad, se quedarían fuera de los 75 asientos de la
Cámara de Vitoria. Así las cosas, sólo un descalabro impediría a Iñigo Urkullu ser lehendakari, no sin antes pagar el precio ante sus electores de tener que decantarse por una alianza constitucionalista o bailar con la más fea. O de caminar solo, con el riesgo que ello entraña.
PNV-PSE¿Qué propone Urkullu? ¿Qué deberá aceptar quien le tienda la mano? El candidato nacionalista pretende dotar de mayor seguridad jurídica y ampliar las competencias del
concierto económico. Encontramos aquí un punto de encuentro con el programa del PSE, aunque ninguno de ellos concrete hasta dónde estaría dispuesto a llegar. Los socialistas prometen presentar en la próxima legislatura una propuesta para que sea el Parlamento vasco el que decida el sistema fiscal autonómico. Sostienen además que Urkullu va a recortar y que sólo ellos garantizan el mantenimiento de los servicios públicos. "No es cierto, lo prometo", responde el acusado, que se compromete a la contención pero sin poner en riesgo el "gasto social esencial".
Sin embargo, desde que perdió el poder, el PNV mantiene una manifiesta enemistad con el PSE y los ataques en campaña son continuos, campaña que gira además en torno al eje identitario. En este segundo ámbito,
Urkullu planteó un "pacto de país" para ser "más Estado vasco". Matizó hace algunos días que no hablaba de "divorcio" de España sino de "convivencia". Pasados esos días, cosas de la antesala electoral, se suma a ser una "nación más" en Europa y "sin subordinaciones", tal y como ambiciona Artur Mas. López dice que será "un dique de contención ante nuevos planes Ibarretxe", auténticas intenciones de su oponente político, asegura.
PNV-EH BilduEl programa de EH Bildu es menos tibio: el objetivo es "construir un país libre en Europa". Entre las principales medidas, una "intensa reforma" de la Ertzaintza para "convertirla en una policía de servicio, no represiva" y la "absoluta
desmilitarización" del territorio, una política lingüística que priorice el euskera y dentro de un "estatus jurídico apropiado" y un "currículum vasco" en materia de Educación "para garantizar la transmisión de la cultura, identidad y lengua de Euskal Herria".
Otros ejemplos son, en deporte, un "marco vasco de competición" o una consejería de Relaciones Exteriores para "contribuir a avanzar en la resolución del conflicto e impulsar la marca
Euskal Herria". Las víctimas "de todas las violencias" quedarían unificadas. En el apartado económico, trabajará por la "soberanía" plena, así como por una renovación "profunda" del marco de relaciones laborales o sistema sanitario. Se define "de izquierdas" y con predilección por lo social.
Para Urkullu, los planes de
Laura Mintegui responden a una "amnesia selectiva", en relación con ETA, y son un mero "catálogo de consignas" porque, argumenta, "es muy fácil vivir del eslogan, envolverse en la ikurriña o dar 'goras' a Euskadi para sentirse campeones del abertzalismo". Antes de los pactos, si los hubiera, han de celebrarse las elecciones, en las que el PNV y EH Bildu se juegan mucho, especialmente en Guipúzcoa, donde los segundos llevarían la delantera. En todo el territorio vasco, en las generales de 2011 sólo se distanciaron en 40.000 votos.
PSE-PPSe conocen bien y su relación es cordial, aunque el matrimonio quedó roto y obligó a convocar los comicios. La llegada de Mariano Rajoy a La Moncloa tensó la cuerda entre los socios con la oposición de López a los dictados del Gobierno central para reducir el déficit. La rebeldía socialista motivó el final del paréntesis de tres años sin el PNV al mando. Aunque sumaran sus escaños, a tenor de las encuestas, el pacto es irrepetible. La caída de
UPyD tampoco ayuda.
Antonio Basagoiti, bajo la bandera del adelgazamiento de la Administración y la eliminación de las delegaciones exteriores, no probará experiencia ni con PNV ni mucho menos con EH Bildu. Sin embargo, hace distinción entre unos y otros y ha llegado a manifestar que "todos los votos del PP servirán para que Bildu no gobierne". Incluso, está dispuesto a ir lejos con ese deseo: "Daré mis votos al PNV si es preciso para que Bildu no pinte nada". Para Basagoiti la batalla crucial es
Álava, que podría caer en manos de los peneuvistas. Esta circunscripción es clave para determinar el poder de los 'populares' en el Parlamento regional.
López, en su papel, augura que
EH Bildu no sólo no ganará sino que tampoco será la segunda fuerza y, subraya, no pactará con ellos. Lo cierto es que el PSE tendrá complicado no ocupar el tercer puesto en el orden de prioridades de los vascos y que en su margen de maniobra sólo figura el PNV para tener peso en Gobierno. Aunque peleados, pueden forjar una comunión para la investidura y para una mayor autonomía fiscal, a menos de que, como sospecha López, Urkullu sólo vaya a traer recortes en lo económico y nuevos planes soberanistas en lo identitario.
El mal menor de PSE y PPEn cualquier caso, sólo PSE y PP podrían impedir que el PNV se echara en brazos de EH Bildu. Los nacionalistas afean a los abertzales su discurso fácil, sin límite, que de hecho ya ha propiciado el trasvase de un puñado de escaños. Estrechar la mano de EH Bildu supondría tener que dar demasiadas explicaciones no sólo a un nutrido sector peneuvista sino también ante el
Congreso de los Diputados, de donde han de extraerse buenos acuerdos para el País Vasco. Además, Mintegui no ha condenado, como pide Urkullu, los asesinatos de ETA.
Por último, el PNV podría gobernar en solitario, sin apoyos en la investidura y manejándose con mano izquierda en la legislatura para no correr el riesgo de ser derrocado por una moción en un momento determinado. PSE y PP ya lo ven como el mal menor, aunque no están dispuestos a arrojar la toalla todavía. El puzle se compone de distintas piezas y pocas veces ha sido tan complejo casarlas, especialmente por el abismo ideológico que dista entre algunas de ellas. No obstante, la experiencia de los rompecabezas y los antecedentes electorales llaman a esperar: a partir del
21-O, los extremos de las piezas se volverán más flexibles y las asperezas más fáciles de limar.