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Los ¨indignados¨ y la Policía.

sábado 29 de septiembre de 2012, 18:47h
El movimiento que ocupó hace algo más de un año plazas y calles ha ido perdiendo fuelle con el tiempo. Los intentos de recuperar el ímpetu que tuvo en 2011 han fracasado. El llamado 15M se ha ido disolviendo hasta ser un fantasma de lo que fue en el mes de mayo de 2011. La opacidad de sus convocatorias supuestamente transparentes y asamblearias han alimentado las sospechas. ¿Quién convoca las concentraciones? ¿Quién fija la agenda de acciones? ¿Quién lo financia? Los líderes de este movimiento sin rostros dicen que todo es espontáneo pero cuesta creerlo. Este desafío a las instituciones democráticas encubre una agenda política radical cada vez más preocupante. De aquellos idealistas de 2011 apenas queda el recuerdo. Sorprende que no haya habido “indignados” con la excarcelación de Bolinaga o con el pulso independentista en Cataluña o con el escándalo de los EREs en Andalucía. ¿Dónde está el pluralismo ideológico del que hacen gala? Algo huele muy mal en todo esto. El antiguo 15M -hoy llamado 25S- dice ser un movimiento abierto pero parece abrirse siempre para el mismo lado.

Esta semana hemos visto varias tentativas de condicionar la acción del Congreso de los Diputados mediante la movilización de masas. Desde jóvenes con rastas y bicis hasta tipos con pinta de concejales de Batasuna, en la Plaza de Neptuno yo vi de todo. Había algunos funcionarios descontentos, algunas personas mayores nostálgicas de un 68 que en España nunca tuvo lugar y muchos fumadores de hachís y otras hierbas. A unos metros de los policías desplegados había corros de chavales que esperaban la revolución con unas cervezas y unos canutos: la vanguardia de la revolución.

Sin embargo, esta semana han destacado los encapuchados violentos, que agredieron a la Policía y salieron trasquilados. El despliegue de la Unidad de Intervención Policial, los mal llamados “antidisturbios”, evitó que Madrid se convirtiese en un parque temático del terrorismo callejero. Ya sabemos lo que los antisistema han hecho en Barcelona con esas mochilas llenas de petardos, bolas de metal, pastillas inflamables y tirachinas. Esta vez les ha ido mal a los que queman contenedores y papeleras y nos ha ido un poco mejor a los que aspiramos a vivir en una ciudad habitable.
Todo organizador y convocante de una concentración asume una responsabilidad. Como el 25S (antiguo 15M) dice no tener nombres ni caras, tampoco parece tener responsables. Así, la violencia de los concentrados pretende quedar impune so pretexto de la acción al abrigo de la masa. La violencia de esta semana la comenzaron los “indignados” que prefirieron la capucha y la patada a la manifestación legal y pacífica.

Ahora bien, el mayor problema del movimiento es que en él coexisten distintas almas. Hay idealistas –cada vez menos- y hay tipos violentos –cada vez más- tan extremistas que se asemejan más a los skins y neonazis que a los indignados de chancletas y piercing de 2011. En los vídeos –si uno se fija bien- podrá ver los movimientos coordinados de la pelea callejera y el cursillo de activismo violento. Cuando la Delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, dijo que había nazis en Neptuno no andaba desencaminada.

Afortunadamente, la Policía tiene la legitimidad de un Estado democrático y eso es algo que una turba desatada jamás tendrá por mucho que quiera arrogársela.
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