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La corrupción en el Lazio

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 30 de septiembre de 2012, 15:55h
Un nuevo escándalo sacude Italia, mostrando las debilidades y deficiencias de la política nacional: en estos días, se está destapando cómo funcionaba la región Lazio y cómo los políticos del Pueblo de la Libertad (PDL), el partido de Berlusconi, utilizaban el erario público para financiar fiestas con champán y ostras, viajes de lujo a Cerdeña o la compra de un quintal y medio de mozzarella. Se trata de una red de corruptelas, un sistema clientelar bien rodado, gestionado por unos consejeros proclives a convertir la res publica en una fiesta continua, la política en una turbia bacanal.

Tras unos días de incertidumbre, la presidenta del Lazio, Renata Polverini, se ha visto obligada a dimitir. Se hacían públicos –con abundantes detalles- numerosos casos de malversación pública, abusos y despilfarros perpetrados por colaboradores cercanos a ella. Sus consejeros, miembros de su partido, y sus asesores organizaban festines pantagruélicos, fiestas al estilo de las bacanales romanas, y falsificaban facturas. El tesorero del PDL, Franco Fiorito –mejor conocido como Batman, por su 175 kilos- desvió presuntamente ochocientos mil euros a sus doce cuentas corrientes, cuatro de ellas en España…Y, no obstante el desastre manifiesto, la Presidenta ha intentado aguantar, indignarse y auto-encargarse de hacer limpieza: solamente la dimisión en bloque de la oposición y la evidencia de un escándalo sin parangón, le han hecho entrar en razón. Se trata de unos niveles de corrupción vergonzosos, de un escándalo que pone en tela de juicio el funcionamiento de las autonomías italianas y, sobre todo, el uso dinero destinado a los partidos políticos. Este dinero público cae en las manos de unos políticos que lo utilizan sin control, ni respeto. Por eso no sorprende que los Diputados italianos estén obstaculizando, con todas sus fuerzas, la creación de un organismo independiente, encargado de supervisar el destino y uso de los fondos públicos. El Lazio o Laziogate no es un caso aislado: la política italiana se caracteriza por un dispendio generalizado, por la “institucionalización” de la corrupción y por la creación de una red clientelar. El dinero suministrado a los partidos –el “reembolso electoral”-, no se usa para la actividad del partido o para hacer campaña, sino para tejer una red clientelar y crear un sistema de corruptos que voten a cambio de sobornos. Por eso resulta tan difícil regenerar la clase política nacional, incapaz de contener el creciente desafecto ciudadano y de renovarse. Los políticos italianos confunden lo público con lo privado y defienden, independientemente de la ideología, sus privilegios ancestrales.

Y ahora lo peor de esta historia es que los políticos romanos parecen haber decidido “morir matando”, lanzándose a una serie de ataques mutuos y acusaciones infames. Aún así, resulta lamentable que algunos cronistas hayan intentado elogiar la dimisión de la Presidenta tachándola como un acto de responsabilidad: como en el caso de Berlusconi, las dimisiones son el emblema de un fracaso personal y de una mala gestión. Y, como en el caso de Berlusconi, se ha tratado más bien de una decisión forzada, un acto de decoro. La ilegalidad corruptiva que prolifera en Italia perjudica el futuro del país, ofrece un lamentable espectáculo y horroriza a los ciudadanos honrados. Los escándalos del Lazio, de Lombardia y de Sicilia, entre otros, demuestran la necesidad de refundar la política italiana, de encontrar nuevas bases y terminar con los privilegios de una clase, propensa a la ilegalidad, a la corrupción y al derroche. Este escándalo es algo más que un “satyricon romanesco”, es la confirmación de la existencia de un sistema podrido. Las fiestas decadentes y kitsch, los banquetes con mascaras de cerdos y esclavas voluptuosas, las vacaciones y los regalos a los amiguitos para obtener votos, son el símbolo de la falta de vergüenza y escrúpulos de una casta política, que vive alejada de la gente y despreocupada por la graves crisis económica que golpea Italia.

Y mientras la derecha se hunde en el profundo pozo de la corrupción, y la izquierda aún carece de un líder y de programa, Berlusconi todavía no ha decidido si será candidato en las elecciones del próximo año. Para algunos, el cavaliere tiene aún demasiados juicios pendientes para apartarse de la política. Y por eso, recurre al populismo y a la mentira, ataca de día al euro y a Monti y los alaba por la noche. Como si fuera una “Penélope moderna”, cada noche desmiente las palabras que ha dicho durante el día. No entiende que no basta con cambiar la sigla, las palabras del himno o el color de la bandera: los escándalos de corrupción del Lazio y de la Lombardia demuestran que hemos tocado fondo, que estamos ante una catástrofe política que debería llevar a una lucha decidida contra la corrupción y las malas artes. La historia nos enseña que las fiestas de fin de Imperio auguran lo peor…

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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