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El Rey y Rajoy mueven ficha

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 03 de octubre de 2012, 19:27h
En el fragor localista de la batalla, mientras Artur Mas no sabe si estar con España, contra España o sin España (igual que los europeos, por cierto), mientras los españoles van del desasosiego al pánico y mientras los sindicatos no saben si tomar la calle o tomarse unas cañas, no se perciben otros movimientos que se están produciendo y que pueden resultar trascendentales.

En efecto, en un par de días se han desarrollado dos hechos que parecen protocolarios, pero que seguramente no lo son. La Cumbre de España y Marruecos y la reunión de los Jefes de Estado de España, Portugal e Italia con motivo o con la excusa de Cotec.

¿Es una casualidad afortunada? ¿Es una estrategia calculada? ¿Ambas cosas, quizá? Tanto da. Lo cierto es que lo que se ha escenificado en el panorama de las relaciones estratégicas es que España ha recompuesto un vacío con su complicado socio norteafricano unas relaciones suspendidas formalmente desde hace cuatro años, gracias a un despliegue en el que Rajoy no ha escatimado medios, hasta el punto de hacerse acompañar por más de medio Gobierno. Y que el Rey, simultáneamente, ha escenificado una relación preferente en objetivos comunes de tres de los países más vulnerados y vulnerables de la Unión Europea, nuestros castigados socios portugueses e italianos, junto a los vilipendiados españoles.

Hasta ahora, la Unión Europea, es decir el núcleo duro que dicta sus políticas, encabezado por Alemania, pero coreado por otros países de su entorno o con sus prioridades, como Holanda o Finlandia, han actuado ante la crisis de la zona euro con un solo guión. Cada país en concreto era un problema concreto (por su concreta mala gestión), y hacia él había que emplear toda la artillería. La artillería del control económico, la imposición de unas políticas sociales… todo lo que hiciera falta para escenificar el apoyo financiero que recibían, y que por sí mismo jamás podían modular por su falta de capacidad de orientar la política monetaria común.

Grecia era un problema, y se convirtió en apestada. Después Irlanda. Luego, Portugal. Y, ahora, España, antes de mañana Italia. En todos, absolutamente todos, los casos pasados, y se sospecha que en los que vendrán, la salida ha sido y se prevé que sea la ruina tutelada. Nadie ha contado con la posibilidad de que se pudiera afrontar la situación como la salida apoyada. Entre otras cosas, porque la ruina tutelada prolongaba el beneficio de quienes tutelaban, y la salida ayudada podría eliminar beneficios de quienes manejan la máquina del dinero del Banco Central Europeo, a quienes tanto deben algunos de nuestros socios que viven en el nirvana de la deuda barata.

Al tratar como individuales los problemas regionales, cada país afectado braceaba desesperadamente para no ser contaminado por el anterior. Irlanda no es Grecia. Portugal no es Irlanda. España no es Portugal… y así sucesivamente. Por eso, justo un poquito antes que se diga que Italia no es España… y que Francia no es Italia, algunos se han puesto a recomponer la figura. Insisto que no sé si casualmente, pero desde luego, sí inteligentemente.
Los jefes de Estado de Portugal, Italia y España, en Madrid, han hablado de una salida de la crisis como algo colectivo. Así se ha pronunciado el Rey. Y en presencia de otro italiano, Antonio Tajani, vicepresidente de la Comisión Europea, y cuyo español impecable ha explicado a Radio Nacional, en excelente entrevista de Alejandro Alcalde, que hay salida para Europa, que la hay para el sur, y que España no necesita un rescate sino una simple ayuda financiera que (añado yo) sólo la insensibilidad norteña impide facilitar.

Se lo leí a Stiglitz, ese Nobel que de vez en cuando nos crucifica, pero que a veces nos ilumina. La situación en Europa exige una alianza estratégica de los países del sur y de los afectados por la intervención de la madrastra europea. Y esa relación estratégica se está produciendo a la fuerza, porque a la fuerza ahorcan. Pues esa Europa central que un día pone a caldo a uno, y al día siguiente a otro; que pone el dogal a Portugal, y al siguiente a España, debe saber, al menos, que los afectados por la situación de la deuda, por la especulación vía prima de riesgo, por el déficit causado por el coste en intereses, por el estancamiento producido por la austeridad, son la tercera parte de Europa. Y la mitad, si contamos con que el próximo encausado por el Tribunal de Frankfurt puede ser Francia.

La paciencia, en efecto, puede tener un límite. A Rajoy le exigen, un día sí y otro también, que pida un rescate financiero. Y le acusan de indefinición y de ambigüedad, por no sé que pequeñeces electorales, cuando tan gordo es lo que está en juego. Pero por el otro lado, por el de quienes supuestamente tienen que facilitarlo (para ayudar al euro, no a España), la indefinición es infinitamente mayor. Primero dijeron que asistirían financieramente a la Banca, con garantía de la Banca. Después, que la garantía debería ser del Estado (es decir, ir a déficit, lo que nos faltaba). Primero, que ésa era la posición europea, en una de sus fantásticas cumbres. Ahora, que está en duda que los Parlamentos de nuestros socios lo aprueben, aunque España lo pida.

¿Para qué quieren que Rajoy pida un rescate, si no está claro si se va a aprobar por unanimidad, ni quedan claras las condiciones, ni si destrozará la recuperación económica española y su estabilidad social con condiciones inasumibles?

Por algo de eso ha estado el ministro de Economía, Luis de Guindos, con su colega alemán, y hoy jueves ve en Londres a inversores internacionales. Por eso el Rey ha estado con Napolitano y Cavaco. Por eso, por la indefinición europea, estamos como estamos.

El segundo movimiento de ajedrez no ha sido menos inteligente: Rajoy, con siete ministros y una legión de empresarios ha ido a decirle a Marruecos que somos socios económicos y aliados regionales. Lo que es muy bueno para España y no menos bueno para un país, la Monarquía alauí, tironeada por sus flacos por no sé qué primavera invernal en el mundo árabe.

Será casualidad, pero octubre empieza con una Cumbre con Marruecos, y terminará tras otras dos con Francia y con Italia. Suena bastante a Mediterráneo, qué quieren que les diga. Y suena bastante a una respuesta regional ante un problema que sólo los interesados norteños han querido vender como sucesivamente individual, de país tras país del sur de Europa.

Aquí hablamos de la aventura equinoccial del segador Mas. El juego está en otros tableros, en los que Rajoy y su Gobierno, y el Rey que constitucionalmente lo apoya, han movido ficha.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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