La teoría de la tragedia de los comunes
jueves 04 de octubre de 2012, 19:47h
Un renombrado politólogo de Harvard, James Robinson, autor de un libro extraordinario que lleva un título premonitorio “Por qué fracasan los países”, en una reciente entrevista y en respuesta a la pregunta del periodista sobre los problemas de nuestro país, dice: “En el fondo lo que tienen en España es una versión modernizada de la tragedia de los comunes [the tragedy of the commons, la teoría que justifica el vallado de tierras y el final de los pastos comunales porque siempre hay quienes se benefician del trabajo de los demás]”.
Vayamos por partes. España se constituyó destruyendo barreras interiores en pro de lo que mucho más adelante alguien definiría como proyecto sugestivo de vida en común, siempre compatible con las singularidades e individualidades convivientes integradas en el todo. La modernidad está adjetivada por la vertebración de las diferentes partes que sumadas son capaces de afrontar el destino ansiado. Los grandes Estados de Europa así se han constituido y se han hecho fuertes. Aquellos que se han disgregado, feudalizado o medievalizado, son meras anécdotas, insignificantes entes sumidos en la levedad, banderolas en la sala de la Asamblea General de la ONU sin arte ni parte en el concierto político y económico.
Son tantos los errores cometidos en estoS treinta y tres años que recordarlos, además de a la melancolía, me llevaría a una columna larguísima. Desde el café para todos hasta la sentencia de la LOAPA; desde la jurisprudencia del Tribunal Constitucional desmembradora de las competencias del Estado hasta el hecho de mirar para otro lado con, por ejemplo, la multiplicación de órganos autonómicos a imagen y semejanza de los nacionales; desde el proyecto Ibarretxe hasta el nuevo Estatuto catalán bendecido por una exigua mayoría de un excesivamente protagonista Tribunal Constitucional; desde la concepción del Estado autonómico como un botín de cargos y carguillos a repartir entre los partidos políticos hasta la fragmentación (inconcebible y absurda) de competencias en relación con la Administración de Justicia o con la acción exterior o con…
Donde se alumbró un Estado moderno, cooperativo y solidario, se han levantado barreras en la forma de las vallas de los ganaderos que para conseguir un beneficio inmediato hipotecan para siglos pueblos y territorios. Pero ¡qué mas da!. Todo es posible justificarlo desde la teoría del interés particular por encima del interés general en el que se suman la unidad con la autonomía, sí, pero también con la igualdad y con la solidaridad. Los egotismos basados en la visceralidad tienen quienes los escuchen y quienes los repitan aborregadamente. Pero los responsables no son los manifestantes sino los pirómanos.
Hemos tenido una recientísima experiencia de un charlatán cortoplacista que, sin haberse sacado el título de patrón de yate, pilotó el barco hasta conseguir que varara en zona pantanosa. La crisis en la que estamos metidos es de tal envergadura que hacen falta regimientos de sansones. Sin embargo, y lo que el país alumbra son reyezuelos de banderías que ante su incapacidad para resolver problemas se dedican a crearlos, a volver a levantar más vallas. ¡Qué pena!.
La mayoría de los ciudadanos sólo reclama seriedad, rigor y mucha firmeza, que cada uno cumpla con sus obligaciones constitucionales y legales, y si no lo hace, que se activen los mecanismos para conseguirlo.
Escribe Peter Handke, (“Carta breve para un largo adiós”), poniéndolo en boca de John Ford: “ Para nosotros, los americanos, todo lo que hacemos forma parte de una acción pública común”. El nosotros frente al yo impostado. ¡Qué envidia!
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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