Crónica económica
Porqué sube la prima y baja la calificación
jueves 11 de octubre de 2012, 21:17h
La nueva calificación de la deuda española es, según la agencia estadounidense, BBB-. A un paso, dos en realidad, de que caigamos en lo que la prensa estadounidense llamó, allá por los años 80’, “bonos basura”. Las principales agencias de calificación utilizan notaciones parecidas, o idénticas, para referirse a su criterio sobre la calidad de las deudas que estudian. Pero básicamente, aunque hay multitud de escalones en una y otra categoría, hay dos que debemos considerar: inversión y especulación.
La primera hace referencia a aquéllos niveles de fiabilidad que todavía deben ser considerados con la suficiente solvencia como para que cualquier inversor las tenga en cuenta. La segunda hace referencia al terreno de lo incierto, de lo crecientemente improbable, de lo mudable e inseguro, de la especulación. S&P y, tras ella, Moody’s y Fitch, nos acabarán llevando al averno de los bonos basura, en un viaje que partió de los cielos de la solvencia, y que, se puede decir con propiedad, tiene mucho de dantesco.
Por otro lado, la prima de riesgo sube. La expresión prima de riesgo siempre la tuve asociada a países como Brasil o Argentina. Brasil siempre fue el futuro, Argentina siempre será el pasado, pero son países con grandes poblaciones y con unas posibilidades enormes. Economías emergentes, es el eufemismo de estas últimas décadas para referirse a ellos. Nosotros nos hemos sumergido lo suficiente como para manejar en la prensa términos de países emergentes. Como es el caso de la prima de riesgo.
Vamos ahora a la cuestión. ¿Por qué se producen esos dos fenómenos? La razón es que el mercado (la prima) desconfía de nuestra deuda, y los analistas (S&P et al) también desconfían. Entonces, la cuestión es, ¿por qué nuestra deuda no inspira confianza?
En primer lugar, ya no podemos decir aquello de que nuestro nivel de deuda pública está por debajo de la media europea. En el año 2000 estábamos (66,5 por ciento del PIB) por debajo tanto de la eurozona (75,9 por ciento) como de la OCDE 70,2 por ciento). Fuimos bajando el peso de la deuda sobre el PIB de forma consistente hasta el 42,7 por ciento de 2007. Todo ese camino lo deshicimos en dos años: en 2009 la deuda era ya un 67,1 por ciento del PIB. Y los enormes bocados del déficit público más los agujeros del sistema bancario tapados con dinero público llevarán nuestro endeudamiento al 90,9 por ciento del PIB en 2013, según la OCDE. La misma institución prevé un 99,9 por ciento de media para la eurozona y un 109,3 por ciento para el conjunto de sus países miembros.
Pero todavía no nos hemos acercado a la cuestión. Porque el nivel de endeudamiento es importante, claro está. Nos iría mejor con el 12,7 por ciento del PIB que tiene Estonia. Pero Japón cerrará este año con una deuda del 214,1 por ciento, y se sigue considerando solvente. Argentina ha quebrado varias veces, es algo que ocurre con cierta frecuencia en aquél país, con niveles de deuda del entorno del 60 por ciento. Entonces, ¿cuál es la clave?
La clave no es la deuda, es la solvencia. Y la solvencia es la capacidad de pago. El nivel de deuda es un elemento, pero España falla en otros tres, que son más importantes. Vamos con ellos. En primer lugar, España no tiene un control sobre el nivel de gasto. Ha creado un Estado asistencial demasiado generoso. Sobre todo en las pensiones, pero también en las prestaciones por desempleo y tanto en la educación como en la sanidad. Además, en España está desbocado el fenómeno de los parásitos del Estado: grupos de presión que extraen cantidades enormes del Estado. Por ejemplo de un hipotético pasado: una empresa constructora y de servicios redacta en sus despachos las leyes que luego aprueba el Ministerio de Industria. Un abogado con estudios y experiencia internacionales me decía muy recientemente que conoce bien Suiza. Allí, “el IRPF ronda el 15 por ciento, y los servicios que ofrece el Estado son mucho mejores que los nuestros”. Esto se explica en parte porque Suiza es un país más rico que España. Y en parte por esos intereses creados.
Segundo motivo, sobre el que no vamos a extendernos ahora: El crecimiento. España ha dejado de crecer. Todavía puede hacerlo, pero para eso tiene que tomar decisiones que, en estos momentos, la sociedad española no quiere asumir. Prefiere hundirse.
Y el tercer motivo es el sistema impositivo. Fedea, en la rueda de prensa del miércoles, incidió en eso. Ignacio Conde-Ruiz mostró que entre 2007 y 2011 los ingresos fiscales en España habían caído un 6,0 por ciento, sin parangón con el resto de países desarrollados. En la eurozona se mantuvo igual, en la UE decreció un 0,1 por ciento, y en Alemania crecieron un 1,0 por ciento. Esto muestra que nuestro sistema fiscal está mal diseñado. Y lo que dice a los inversores foráneos es que 1) sin capacidad de crecimiento y 2) con un sistema impositivo que se desploma con la actividad, España carece de la capacidad necesaria para pagar sus compromisos. Los recortes están bien, aunque son insuficientes. El esfuerzo por controlar las Comunidades Autónomas es tímido, aunque está bien encaminado. Educación, Sanidad y, sobre todo, Pensiones, están por reformar. Pero sin crecimiento y con un sistema impositivo como el nuestro, no está claro de dónde vamos a sacar fondos para atender nuestras crecientes obligaciones. Ese, ese es el gran problema.