El incidente del avión
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 13 de octubre de 2012, 19:46h
El conflicto sirio no puede resolverse sin la participación de la República de Turquía y la Federación Rusa. La primera es la gran valedora diplomática de los rebeldes sirios, que desde hace más de un año gozan del apoyo turco en su actividad política. Ankara y Estambul acogen a los disidentes que fueron huyendo durante los primeros meses de la revuelta contra el régimen de Bashar El Asad. Desde Turquía llega la mayor parte de la información procedente de fuentes rebeldes que nutre las redacciones de todo el mundo. Al mismo tiempo que la violencia crecía en Siria e irrumpían sucesivos grupos armados frente al Gobierno, los rebeldes lanzaban proclamas, manifiestos e informes desde el territorio turco. Los campos que Turquía ha ido abriendo acogen a desplazados del conflicto.
Moscú, por su parte, ha frenado los sucesivos intentos de intervención extranjera oficial en Siria. Su derecho de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y su defensa férrea del principio de soberanía de los Estados ha garantizado cierto margen de maniobra a Bashar Al Asad. La diplomacia rusa apuesta por una pacificación del país sin que esto implique un cambio de régimen. El Ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, ha expresado sus sospechas de quienes, so pretexto de restablecer la paz, pretenden sustituir al Gobierno sirio por otro. Rusia ha sido la voz discrepante en las investigaciones sobre matanzas como la de Hula. Allí donde casi todos afirman que el régimen de Asad ha cometido una matanza, las fuentes rusas suelen mostrarse escépticas.
Así, Turquía y Rusia son imprescindibles para recuperar cierto equilibrio regional y detener la tragedia del pueblo sirio. Sin embargo, estas dos potencias –rivales desde hace siglos en el Mediterráneo oriental, la zona del Cáucaso y Asia Central- están ahora enfrentadas por un incidente que sólo agrava la situación en Siria. Las autoridades turcas retuvieron el pasado miércoles un avión que volaba desde Moscú a Damasco y denunció que contenía suministros militares para las tropas de Asad. Las autoridades rusas negaron que hubiese armas a bordo y denunciaron el peligro a que habían sido sometidos los pasajeros por el aterrizaje forzoso. Sergei Lavrov sí ha reconocido que el avión transportaba material de doble uso –en concreto, equipos para radares- que no están sometidos a prohibición internacional alguna.
Así, la situación siria se complica. Turquía viene sufriendo sucesivos ataques sirios que no han generado más que represalias aisladas y locales por parte de Ankara. Fuentes rusas han denunciado la intervención encubierta extranjera –lo que se da en llamar el Tercer Elemento- junto a los rebeldes sirios. Este incidente del avión demuestra, una vez más, que en Siria se está librando una guerra entre distintas potencias que, de forma encubierta, están apoyando a uno u otro de los bandos en liza.
Es cierto que la presencia de presuntos terroristas entre las filas rebeldes ha ido mermando el apoyo que, inicialmente, tuvo la rebelión entre la opinión pública de los países occidentales. Condenar el régimen de Asad no equivale a aplaudir todo lo que los rebeldes hacen. Ahora bien, ningún país está obligado a soportar impunemente los ataques contra su propio territorio. Turquía ha desplazado cazabombarderos y tanques a la frontera siria. La tensión aumenta a medida que los distintos países involucrados en el conflicto se van moviendo. Hay elecciones en los Estados Unidos en menos de un mes. La oposición iraní va creciendo y en Jordania han comenzado a verse movimientos de masas que piden reformas. Todas las revueltas árabes han comenzado así.
Todo parece indicar que, en breve, vamos a asistir a un nuevo giro en la situación de Oriente Medio.
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Analista político
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
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