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RESEÑA

María Dueñas: Misión Olvido

domingo 14 de octubre de 2012, 00:54h
María Dueñas: Misión Olvido. Temas de Hoy. Madrid, 2012. 511 páginas. 21,90 €
El mayor problema de Misión Olvido, la segunda novela de María Dueñas, se llama El tiempo entre costuras, su primera y muy exitosa novela, publicada hace tres años, traducida a varias lenguas, leída y aplaudida por millones de lectores. Las comparaciones son inevitables y de hecho en ellas se basan tanto la masiva publicidad con que ha sido presentada esta nueva obra de Dueñas como el mismo diseño gráfico del libro, que de manera explícita evoca el de El tiempo entre costuras. Y siendo tan altas las expectativas creadas, tanta la curiosidad generada, tan buenos los recuerdos albergados desde que su primera novela vio la luz, era casi inevitable un margen de decepción. Misión Olvido no está a la altura de El tiempo entre costuras.

En realidad, parece escrita por mano diferente a la que con tanta maestría puso en pie “Costuras”, una novela refrescante en el azacanado panorama creativo español, basada en una buena historia, narrada con sabio manejo del ritmo, escrita con la riqueza imaginativa que requería la descripción de los textiles en los que se desenvolvía la protagonista Sira Quiroga, de profesión modista. Ninguno de esos elementos se da cita en la segunda de las novelas de la autora, excesiva en longitud, previsible en el desarrollo, convencional en el lenguaje.

Pareciera como si María Dueñas, al aire del éxito de su primera aportación literaria, hubiera querido desempolvar ensayos previos y menos conseguidos, seguramente inspirados en experiencias profesionales de la propia autora. La novela, en efecto, centra su atención en los trabajos de investigación que en una universidad californiana realiza una profesora española a la que un fracaso matrimonial arroja en un periodo de incertidumbre y huida. La protagonista, Blanca Perea, única del abundante elenco de personajes que a ratos parece dotada de cierta consistencia, se enfrenta a retos varios que incluyen traspasos temporales de cierta amplitud y otros tantos cambios de escenarios geográficos, desde las cuencas mineras del interior de España en las primeras décadas del siglo XX hasta los parajes que Ramón J. Sender refleja en sus novelas, pasando naturalmente por la California universitaria y febril que tienen a las antiguas Misiones españolas por hitos culturales y arquitectónicos. Pero el trasiego físico, temporal y sentimental no logra traspasar los umbrales del tópico, ni trasmitir las emociones por las que debieran estar atravesando los protagonistas. Aún más: lo que el texto quiere proyectar como truculencias definitorias en las vivencias de los personajes llega solo al lector como nimiedades impropias de tanta exageración.

Y no es que Misión Olvido esté desprovista de todo mérito. Es una novela trabajosamente –aplicadamente- construida, quizás incluso con la voluntad de hacer patente el artificio sobre el que está levantada. Se introduce por lo demás en un género poco transitado por los escritores locales, cual es el de reflejar las aventuras y presencias de nuestros compatriotas en el extranjero. Usa y abusa de un lenguaje llano al que, cierto es, sobran expresiones manidas o tropos buscadamente poéticos de corto recorrido, pero al que no le falta fluidez y cuidado Hubiera sido una prometedora primera novela, con sus aciertos y errores. Es inevitablemente la bienintencionada y fallida segunda novela de la escritora que fue capaz de regalarnos El tiempo entre costuras.

Dicen los entendidos que en donde de verdad se la juegan los escritores es en la tercera novela, cuando el ánimo se serena, el estilo adquiere consistencia y cuando en definitiva se confirman, o no se confirman, las posibilidades creativas y artísticas del autor. María Dueñas merece que el crédito le sea extendido hasta esa tercera ocasión, en donde se dice que “va la vencida”. Entre tanto sería bueno suspender la radicalidad del juicio sobre el presente y el futuro de su trabajo. “Costuras” no fue fruto de una noche o cuestión de una repentina inspiración. La que la escribió será seguramente capaz de volver a esas alturas. De otro modo, siempre nos quedará su primera y deslumbrante novela. ¿O quizás, como Harper Lee, la autora de Matar a un ruiseñor, prefiera refugiarse en la singularidad de una sola obra, tal feliz como irrepetible? Nunca se sabe. El espíritu sopla donde y cuando quiere. Uno desearía que la María Dueñas de “Costuras” volviera a sentir su impulso.

Por Javier Rupérez
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