La paciencia de Turquía
domingo 14 de octubre de 2012, 08:45h
La tensión que se vive entre Siria y Turquía, lejos de atenuarse, va en aumento. El detonante se produjo el pasado 3 de octubre, cuando un obús sirio cayó en la localidad turca de Akçakale, acabando con la vida de cinco civiles: una mujer y sus cuatro hijos. Desde entonces, las incursiones militares en una y otra dirección han ido in crescendo, a lo que hay que añadir el despliegue de 250 blindados y armamento pesado por parte de Ankara, así como la puesta en alerta de su aviación de combate.
De ser otro el enemigo, hace ya tiempo que Turquía habría pasado a la acción. Pero con Siria, las cosas cambian. Una intervención militar en ese país resultaría sumamente compleja; bien lo saben en Washington, cuyos expertos militares le han desaconsejado enérgicamente a Obama involucrarse más en el asunto. Siria cuenta con el respaldo de Rusia e Irán, además de ser un país musulmán. Este último aspecto tiene además gran importancia si se tienen en cuenta las pretensiones de Erdogan a la hora de asumir una suerte de liderazgo de países islámicos “moderados”.
Por otro lado, Turquía es miembro de la OTAN, en virtud de cuyo tratado el ataque a uno de sus integrantes afecta al resto. Y a nadie escapa lo espinoso que resultaría ver a la OTAN en acción en Oriente Medio. Turquía, por tanto, hace bien de momento en contemporizar su respuesta. Pero lo que tampoco puede hacer es dejar correr un asunto que puede volver en su contra: si no actúa, sus propios nacionales pueden acusar al gobierno de inoperante, y si se excede, podría embarcar al país en una guerra no deseada por nadie.