Italia, sin candidatos: ¿Berlusconi?
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 14 de octubre de 2012, 19:11h
La situación puede resultar paradójica: a menos de 7 meses de las elecciones, los italianos aún no saben quién será el candidato de su formación política. Las dos grandes coaliciones muestran sus debilidades: por un lado, el centro-derecha parece aglutinarse nuevamente en torno a la figura de Berlusconi, “el eterno retorno”, y por otro lado la izquierda, está celebrando sus envenenadas primarias.
Hace unos días, Berlusconi decidió llamar a un programa de una de sus televisiones para anunciar la decisión de no presentarse a las elecciones: como siempre, fiel a su estilo y adoptando una fórmula poco habitual en un mandatario de cualquier país democrático, prefirió evitar una rueda de prensa y un diálogo constructivo para dedicarse a “lanzar bombas informativas”. El ex presidente se declaraba decidido a no presentarse a las próximas elecciones de 2013 y con un objetivo: unir a todos los “moderados” de Italia creando un frente común contra la coalición de izquierdas –de momento la favorita de cara a las urnas.
Evidentemente sus palabras generan escepticismo: resulta muy difícil tomarse a Berlusconi en serio y el adiós esgrimido tampoco convence. Además, podría apartarse del escenario político, pero nunca abandonará la vida pública nacional. Berlusconi sabe perfectamente que, en este momento, no está en condiciones de concurrir a las elecciones del próximo marzo. Su partido, el Pueblo de la Libertad (PdL), se desploma en la intención de voto: los graves –y frecuente- escándalos de corrupción y la malversación de fondos de sus miembros dañan la imagen y la credibilidad del partido. Por muy corta que sea la memoria de los italianos (que lo es y Berlusconi lo sabe…), aún parece demasiado presente el recuerdo de los escándalos judiciales y de corrupción, de los lujosos y lujuriosos festines, de su pésima gestión política y económica que han arrastrado el país al borde del precipicio. Su renuncia electoral puede que dependa de la constatación que los italianos aún no están listos para volver a confiar en él y dejarse encandilar por sus promesas irrealizables. El recuerdo de un Parlamento esclavo de su voluntad y de un Gobierno preocupado por aprobar leyes ad personam para salvarse de la cárcel resulta demasiado vivo. Por eso, el ex mandatario propone crear una coalición de centro-derecha, guiada por Monti, al mismo tiempo que se presenta como el “salvador de la patria”. Su discurso resulta tan obsoleto y rancio que parece difícil creerlo: invita a los italianos a un voto conjunto contra la “izquierda poscomunista”, el peligro rojo y el “Dio ti vede, Stalin no”. Un llamamiento anacrónico que demuestra lo antigua que es su figura. Asimismo, tiene algo de patético intentar vender la decisión como un “acto patriótico”: las posibilidades de un cuarto mandado son muy pocas comparadas con las de hacer el ridículo electoral. Por eso, puede que la decisión de apartarse responda también a un “cálculo judicial”, la necesidad de pactar un “salvoconducto” por los casos judiciales en los que está implicado.
El centro-derecha italiano se muestra muy fragmentado y dividido y por eso Berlusconi está pensando en un “reagrupamiento a la francesa” entorno a una “figura de aceptación general”. Su delfín, Alfano, secretario general del PdL, está completamente desautorizado y convertido en un “secretario personal”, un “ejecutor” de las voluntades de Berlusconi. Nunca tuvo gran poder ni carisma y ahora el cavaliere piensa sustituirle por Monti, a sabiendas del reconocimiento que está obteniendo el economista. Sí, el mismo Monti al que hace unas semanas atacaba vehementemente, de golpe convertido en quien “podría ser el líder los moderados”.
Finalmente, Berlusconi parece dispuesto a cambiar nombre y sigla (“porque el acrónimo PdL no comunica emoción alguna”…), pero refrendando su estilo, sus malas artes y su red clientelar de corruptela. En estos años, el PdL (o como llegue a llamarse la nueva formación política) ha mostrado su tendencia a “institucionalizar” el sistema basado en el trueque voto-favor, mientras su líder banalizaba la corrupción y convertía la política en un escándalo turbio y de mal gusto. Por lo tanto, la salida de Berlusconi de la arena política podría ser una buena señal para la democracia italiana, relegando el berlusconismo a un paréntesis –demasiado largo- de la historia nacional. No sabemos si poder confiar en sus palabras, ya que Berlusconi nos ha acostumbrado a giros y engaños, trucos y marchas atrás. Italia necesita un centroderecha moderno y sensato, y por eso, no debe extrañar que The Economist en estos días le defina como “lo último que necesita Italia”.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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adonofriohotmailcom/9/9/17
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