Muerte en Breslau
lunes 15 de octubre de 2012, 20:32h
Más o menos al tiempo que leíamos, entre sorbo y sorbo de café, el cartel del apetitoso ciclo flamenco programado este mes en Madrid, en “Clamores”, por Antonio Benamargo (“Chaleco”, “El Torta”, Menese…), la editorial Alamut nos hacía llegar “Muerte en Breslau”, la nueva novela de Marek Krajewski. Se ha puesto de moda el relato policíaco ambientado en el Berlín de entreguerras, marcado por el ascenso nazi y las orgías decadentes. La atmósfera está, pues, en sazón para el éxito de esta historia de un detective que se aplica a la resolución de un bárbaro caso de asesinato sin ni de lejos barruntar que, en el trayecto final, no va a encontrarse sino consigo mismo: a averiguar, en suma, su auténtica identidad, esa obsesión presente en tantos relatos de Papini.
En “Muerte en Breslau”, uno de los personajes principales recuerda una frase de Bonaparte: “Mejor ser el segundo en París, que el primero en Lyon”. Es muy cierto que la política no consiste en otra cosa que una lucha despiadada por ser el primero, y el primero en el sitio clave. También, que eso, por fuerza, ha de desgastar. En una columna anterior, dediqué unas líneas a los sedantes como potente medida anticrisis –y antidesgaste, claro. Me alegra no ser el único en percibirlo, pues el otro día, mientras trataba de resolver uno de los rompecabezas de mi crucigramista favorito, leí: “En tiempos de agitación, su administración contribuye al estado del bienestar”. La respuesta correcta era: “Valium”. Así pues, el autor del crucigrama recomendaba –sutilmente- “Valium”. Yo, “Lexatín” y tabaco. Pero, marcas aparte, está claro que andamos en la misma línea.
Mucho “Valium” y mucho “Lexatín” son necesarios, sin duda, para dedicarse tanto a las pesquisas policiales –caso del detective protagonista de la intriga de Krajewski- como a los asuntos de Estado. ¿De qué modo, sin calmantes, justificaría la conciencia la “venta” de Gadaffi a sus enemigos por Asad y Sarkozy, un “totalitario” y un “humanitarista” mezclados en la misma orgía de votos, apaños financieros y ambición de poder? Una muerte de novela, la de Gadaffi, aunque acaeciese en Misrata y no en Breslau… y pendiente de encontrar el narrador que la catapulte a las listas de los libros más vendidos. En calidad de personaje literario, Gadaffi ya hizo ganar en su día mucho dinero a Vázquez Figueroa, Dominique Lapierre y Larry Collins. A no ser que tenga decidido no moverse nunca de Berlín, me permito invitar a Krajewski a seguir su estela y hacer el intento. Hasta entonces, permaneceremos atentos, en las ediciones de Alamut, de las andanzas de su detective prusiano, que están pero que nada mal.