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mundo árabe

Túnez, al borde del precipicio

martes 16 de octubre de 2012, 14:30h
La minoría de exaltados extremistas, fervientes partidarios de la aplicación íntegra de la Charia y la abolición de las Leyes laicas que rigen en Túnez desde la proclamación de la República el 25 de julio de 1957, se está erigiendo en árbitro de la frágil transición política que vive el país norteafricano desde el derrocamiento de la dictadura de la familia de Zine Ben Ali hace 21 meses. Los salafistas de Ansar al Charia (los Partidarios de la Charia) y de Hizb ua Tahrir (Partido de la Liberación) quieren imponer sus condiciones a la troika en el poder.
Las reuniones que han mantenido el Presidente provisional de la República tunecina Moncef Marzuky, y el líder del partido Enahda Rachid Ghanuchi, con los responsables del movimiento extremista Ansar al Charia, han creado una gran confusión en Túnez. Las polémicas, las controversias, las aclaraciones se suceden por todas partes, pero la opinión pública sigue sin saber la razón de fondo para tales encuentros.

El pasado 10 de octubre se difundió en Internet una reunión entre Ghanuchi y los salafistas. El líder de Enahda afirmaba: “Los laicos siguen controlando los medios de comunicación, la economía y la administración; adquirir su control llevará aún un tiempo”, dejando claramente ver a sus interlocutores cuál es el objetivo de la formación islamista que dirige. La prudencia de Ghanuchi se justificaba porque a sus ojos “el apoyo de la Policía y del Ejército a los islamistas (es decir, a ellos) no está garantizada; y conseguir su control llevará todavía más tiempo”. El emblemático jeque religioso instaba a sus interlocutores a “ser pacientes”, y mientras tanto, “crear sus propias cadenas de radio y televisión, escuelas, medersas, asociaciones caritativas y universidades”, en una palabra poner en marcha su propia hoja de ruta.

Uno de los aspectos más llamativos del encuentro, filmado con cámara oculta, fue cuando Ghanuchi les dijo que había mantenido ya otras reuniones con el partido extremista Hizb ua Tahrir y con los jeques salafistas Abu Iyad y El Idrissi. El primero de ellos, de nombre real Seifallah Ben Hassine, está siendo buscado por la Policía como responsable del ataque perpetrado contra la Embajada de Estados Unidos en Túnez el pasado 14 de septiembre.

Sin embargo, las afirmaciones de Rachid Ghanuchi son bastante ambiguas. No llega a pronunciarse claramente; incluso cuando habla de la futura aplicación de la Charia – el caballo de batalla de los grupos salafistas – se limita a decir que “no hay que tener miedo en incluir un artículo de la Charia en la Constitución” sin precisar cuál. Y sobre su actitud hacia el laicismo sólo denuncia “el extremismo laico y radical” y no el laicismo en sí mismo. “Ha sido un encuentro destinado a ganar tiempo” comentan fuentes del partido Enahda, que confirman que la reunión entre su líder y los salafistas tuvo efectivamente lugar en la primavera pasada cuando estaba en su apogeo el debate sobre la Charia. “Mi objetivo – afirma el propio Ghanuchi – fue evitar que se enfrenten a la Policía, al Ejército y al Estado, eso es todo”. El líder de Enahda ha denunciado además el montaje realizado en el video, donde “se han suprimido partes importantes” y el timing de su difusión precisamente en estos momentos.

Inmediatamente después de que el video del encuentro de Ghanuchi con los salafistas fuese colgado estos días en la red, un grupo de 75 diputados en la Asamblea que preside el demócrtata Mustafa Ben Yaafar, han pedido la disolución del partido Enahda por lo que consideran “una conspiración contra el Estado civil”. Desde la oposición al gobierno, Maya Jribi, secretaria general del Partido republicano, considera que lo dicho por Ghanuchi en el encuentro “es un plan para construir un Estado no-civil, minar la autoridad del Estado y destruir la confianza entre los diferentes componentes de la sociedad”. “Lo más peligroso, dice Jribi, es estimular a los extremistas y llamarlos a edificar progresivamente un Etado religioso extremista”. “Este discurso, concluye, constituye una amenaza cara a las Elecciones y al proceso político en Túnez”.

Si la opinión pública tunecina se ha visto fuertemente sorprendida por el video de Ghanuchi difundido el pasado 10 de octubre, lo ha sido aún más ante el espectáculo del Presidente Moncef Marzuky acogiendo a una delegación de salafistas en el Palacio de Cartago. Fue un día después, el 11 de octubre. El motivo oficial era abordar con los tres exponentes del movimiento, “la protección de las mezquitas”. Marzuky justificaba la reunión alegando “el derecho de cada tunecino a expresar sus opiniones y practicar su religión según sus convicciones y sin ser obligado”.

La reunión, que ha dejado atónita a la opinión pública, ha sido abordada de manera diferente por los jeques extremistas presentes, que han justificado a su modo el ataque a la Embajada norteamericana en Túnez. “El estado tiene que mantener las conquistas religiosas en Túnez”, declaraba uno de ellos Jamis Mejri, añadiendo que “tendría que haberse anticipado tomando una posición firme contra el film La inocencia de los musulmanes desencadenante de las protestas en el mundo islámico contra los Estados Unidos”. Para Mejri esa y no otra era la manera de “canalizar la cólera del pueblo”.

La problemática suscitada por la irrupción de los movimientos salafistas en la arena política y su papel de árbitros en lo que se están convirtiendo, hay que situarla en la perspectiva del 23 de octubre próximo, primer aniversario de las pasadas Elecciones legislativas y fecha límite fijada para la vigencia de la Asamblea Constituyente.

Precisamente, este fin de semana pasado se anunció en Túnez la inminente publicación de “una hoja de ruta consensuada” entre las diferentes fuerzas políticas y sociales “en previsión de las próximas citas electorales”. El anuncio fue hecho por el presidente del opositor partido de la República, Ahmed Nejib Chebbi, quien puso de manifiesto que “próximamente alcanzaremos una solución al litigio acerca de la nueva Constitución”, sobre todo después de que el partido Enahda haya aceptado el principio de la elección directa del Presidente de la República. El actual presidente interino Moncef Marzuky se ha comprometido a elaborar un documento común entre los diferentes partidos políticos antes del próximo martes.
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