Hay otro dato que nos habla también de cierta cautela sobre la economía china. Nos lo ofrece, claro está,
Markit. Es el PMI global. Aunque ha avanzado ligeramente desde los 49,9 puntos de agosto hasta los 50,3 de septiembre, “el PMI sigue estando en uno de los niveles más bajos de los últimos tres meses”.
Por otro lado, la producción de electricidad está en un
mínimo de cuatro meses. Li Kepiang, que ocupa el puesto séptimo en el férreo escalafón comunista chino y es, por tanto, un prohombre del régimen, prefiere fijarse en este indicador para apreciar la marcha de la economía china, junto con otros dos. Uno de ellos es el ritmo al que crece el crédito. Del entorno del 18 al 20 por ciento en que se movía en 2010, ahora se ha estabilizado en el entorno del 16 por ciento. El último de la tríada de indicadores que señala Li Kepiang es el volumen de mercancías transportadas por ferrocarril, y ese indicador cae a plomo. En septiembre de 2011 crecía un 9 por ciento, y ahora cae un 5. Los tres indicadores son medias móviles de tres meses.
¿Por qué estas disparidades? Porque los datos oficiales de crecimiento son difíciles de creer. Los analistas ven desde fuera (por la falta de transparencia del régimen) que en estos últimos meses el crecimiento intermensual o intertrimestral es plano o incluso negativo. El menor crecimiento de la electricidad sólo en parte puede achacarse a que China está cambiando su economía de la industria a los servicios y porque está siendo más eficaz en la utilización de la energía. Ambos factores llevarían a un menor consumo por unidad de producción. Pero son cambios suaves y lentos, que nada tienen que ver con el desplome que hemos recogido.
Pero aún hay más. El analista que se esconde bajo el pseudónimo Zaratustra, del que hemos hablado en estas crónicas varias veces, señala que según los datos oficiales, la balanza comercial es ahora más positiva que hace un año. Pero no es porque crezcan más rápido las exportaciones; no podría ser así con el resto del mundo enfriándose. Es porque el crecimiento de las importaciones es mucho más lento, un nuevo indicador de que la demanda interna es menos dinámica.
Pero también hay elementos positivos. La producción industrial se acelera: del 8,9 por ciento de agosto al 9,2 de septiembre. Las ventas al por menor, que habían experimentado un crecimiento en julio del 13,1 por ciento que era el dato más bajo en seis años y medio, rebotan al 14,2 por ciento en septiembre. Y la inflación cae al 1,9 por ciento desde el 6,5 en julio. Los precios de los productores caen más de cuatro puntos porcentuales, cuando a comienzos de año estaban estables. ¿Por qué es una buena noticia? Según el análisis prevalente, porque ofrece margen a los dictadores chinos para adoptar nuevas medidas de estímulo. Desde aquí sólo se ven los peligros de una economía que aunque se desacelera está sometida a una enorme burbuja.