CUBA: MÁS DE LO MISMO
martes 22 de abril de 2008, 23:17h
La retirada de Fidel Castro de la primera línea en favor de su hermano Raúl, hizo creer a algunos optimistas irredentos, que algo se movería en Cuba. En su discurso de ‘investidura’, el actual jefe de Estado cubano anunció, sin concretarlas, que llevaría a cabo medidas que ayudarían a mejorar la vida de los cubanos. Con el tiempo, hemos visto que lo que Raúl Castro entiende por mejora para los cubanos, se limita, paradójicamente, a proveerles de algunos de los ‘caprichos’ más usuales del ‘terrible’ mundo capitalista. En tres meses se han levantado prohibiciones ridículas -y humillantes, en algunos casos- como no poder alojarse en los mismos hoteles que los turistas, hacer uso del móvil o comprar aparatos eléctricos como televisores o reproductores de dvd.
‘Privilegios’ con los que disfrazar burdamente una dictadura que, a pesar del cambio de nombre de pila de la cabeza –que no de apellido- sigue siendo la misma. No hay ningún indicio de una transición hacia la democracia ni un mínimo aperturismo. Como prueba, la brutal represión policial llevada a cabo el lunes contra las Damas de Blanco, mujeres y madres de disidentes políticos que llevan años presos e incomunicados en las cárceles del régimen. Estas mujeres, ataviadas con ropas blancas, fueron detenidas, insultadas y humilladas por la Policía por manifestarse pacíficamente en una céntrica plaza de La Habana para protestar por la insostenible situación de sus familiares.
Hoy por hoy, hay más de 300 presos políticos en Cuba, personas encarceladas por oponerse a un régimen autoritario en el que el mero hecho de escribir a máquina o enviar un fax puede ser considerado un delito. En Cuba no hay libertad, ni, por el momento, intención de instaurarla, y esa es una realidad que ni mil noches en el hotel más caro de La Habana o un móvil de última generación pueden cambiar.
EL LEHENDAKARI EN EL TIBET
Ha dicho Ibarreche que le tiene mucho respeto a España, y que eso precisamente es lo que pide para Euskadi. A partir de ahí, “diálogo”. Hace suyas unas palabras del Dalai Lama, en las que manifestaba su respeto a China, exigiendo reciprocidad en este sentido para con el pueblo tibetano. Concluye el preclaro político vasco formulándose una pregunta retórica: desconoce porqué China y España “le tienen tanto miedo a dos países tan pequeños como Euskadi y el Tibet”.
Si no fuera porque las citadas afirmaciones han sido verificadas y, por tanto, son incontrovertibles, tal disparate podía haber sido firmado por el mismísimo Inonesco, maestro francés del teatro del absurdo. En España coexisten todo tipo de formaciones políticas, y cada una de ellas elabora sus propuestas según su leal saber y entender. Los dos grandes partidos, PSOE y PP, están a años luz de distancia en determinadas cuestiones, y sus propuestas serán discutibles, pero al menos suelen ir acompañadas de cierto sustrato intelectual. Por el lado nacionalista, su contribución a la vida política parece adentarrse en el terreno del esperpento. El Bloque Nacionalista Gallego se opone a condenar el Holocausto y pide que las lápidas de los cementerios estén en gallego. La Chunta Aragonesista solicita ponerle a una calle el nombre de “Chiki Chiki”. Artur Mas, desde Cataluña, conmina al Tribunal Constitucional a que “se ahorre la sentencia” sobre el “Estatut” (¡!). Y ahora, Ibarreche se descuelga con lo del Tibet y la comparación entre España y China.
Quizá alguien debería señalarle al señor Ibarreche el artículo de la Constitución que residencia la soberanía en el conjunto de los ciudadanos españoles y, en consecuencia, las tres provincias vascas son parte indisoluble de la unidad de España, y que por tanto, respetarla es respetarse a sí mismo. China es un país donde gobierna un régimen totalitario, que invadió el Tibet y conculca a diario las libertades y derechos más elementales. España, en cambio, es una nación soberana y democrática, donde los últimos resquicios de totalitarismo se halla en los pagos gobernados por Ibarreche, donde a los niños se les impone el euskera, y donde toda la oposición ha de ir con escolta si no quiere que algún “nacionalista” (ETA lo es) le pegue un tiro.
DÍA DEL LIBRO
Coincidiendo con el día de San Jorge, el 23 de abril de cada año se celebra el Día del Libro. Y, fiel a su cita, año tras año surgen las mismas reflexiones. Que si se lee poco y mal, que si la calidad de la literatura ha ido hacia abajo, y que si los niños y jóvenes se sienten ya menos atraídos por la lectura de lo que lo estuviesen generaciones anteriores. Y quitando que tales aseveraciones puedan tener su parte de razón, hay que reconocerle al sector de libro que siempre ha pecado de ser algo agorero.
Hoy, el libro goza de buena salud. En la sociedad de la información, donde las nuevas tecnologías ganan terreno a pasos agigantados, el libro ha sabido sobrevivir y adaptarse. Lejos de ser un enemigo, internet colabora eficazmente en la difusión de la lectura. Páginas como Wikipedia despiertan a quienes las consultan una curiosidad que de otro modo no hubiese surgido. Nada sustituye a un libro. Bien es cierto que, hoy en día, a cualquier cosa llaman libro. Famosos de pacotilla que escriben sobre sí mismos, folletines políticos carentes de un mínimo de decencia literaria y demás morralla se cuelan con más frecuencia de la deseable en kioscos y librerías. Por añadidura, el fenómeno del “best seller”, con obras como la saga de “Harry Potter” y “El Código da Vinci”, alienta el debate sobre la presunta falta de calidad literaria en estos tiempos. Pero lo cierto es que se lee, y que tal hábito no decae, siendo esto uno de los principales activos de lo que se ha dado en llamar “economía del conocimiento”. Economía que nunca debería estar en crisis.