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Cuba: más de lo mismo

martes 22 de abril de 2008, 23:25h
La retirada de Fidel Castro de la primera línea en favor de su hermano Raúl, hizo creer a algunos optimistas irredentos, que algo se movería en Cuba. En su discurso de ‘investidura’, el actual jefe de Estado cubano anunció, sin concretarlas, que llevaría a cabo medidas que ayudarían a mejorar la vida de los cubanos. Con el tiempo, hemos visto que lo que Raúl Castro entiende por mejora para los cubanos, se limita, paradójicamente, a proveerles de algunos de los ‘caprichos’ más usuales del ‘terrible’ mundo capitalista. En tres meses se han levantado prohibiciones ridículas -y humillantes, en algunos casos- como no poder alojarse en los mismos hoteles que los turistas, hacer uso del móvil o comprar aparatos eléctricos como televisores o reproductores de dvd.

‘Privilegios’ con los que disfrazar burdamente una dictadura que, a pesar del cambio de nombre de pila de la cabeza –que no de apellido- sigue siendo la misma. No hay ningún indicio de una transición hacia la democracia ni un mínimo aperturismo. Como prueba, la brutal represión policial llevada a cabo el lunes contra las Damas de Blanco, mujeres y madres de disidentes políticos que llevan años presos e incomunicados en las cárceles del régimen. Estas mujeres, ataviadas con ropas blancas, fueron detenidas, insultadas y humilladas por la Policía por manifestarse pacíficamente en una céntrica plaza de La Habana para protestar por la insostenible situación de sus familiares.

Hoy por hoy, hay más de 300 presos políticos en Cuba, personas encarceladas por oponerse a un régimen autoritario en el que el mero hecho de escribir a máquina o enviar un fax puede ser considerado un delito. En Cuba no hay libertad, ni, por el momento, intención de instaurarla, y esa es una realidad que ni mil noches en el hotel más caro de La Habana o un móvil de última generación pueden cambiar.
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