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RESEÑA

Enric Juliana: Modesta España. Paisaje después de la austeridad

domingo 21 de octubre de 2012, 13:56h
Enric Juliana: Modesta España. Paisaje después de la austeridad. RBA. Barcelona, 2012. 284 páginas. 19 €
A lo largo de doce capítulos y un epílogo, Enric Juliana, delegado de La Vanguardia en Madrid, analiza la situación actual de España. Para ello, realiza abundantes giros hacia el pasado, tanto inmediato (gobiernos de José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero) como más lejano (los años de la Transición), a fin de contextualizar y determinar las raíces de los males que actualmente afectan y condicionan a nuestro país (especialmente, económicos). Nos encontramos ante una obra que apuesta por el realismo y no por el victimismo. Realismo y modestia son dos conceptos sinónimos y antagónicos al quijotismo que ha caracterizado a España durante las décadas previas. Sin embargo, el propio Juliana es consciente, y así lo advierte, de que la modestia no es precisamente el elemento que mejor nos defina.

El futuro de España es incierto. La recuperación económica es/será el gran reto de Mariano Rajoy. Así se lo exigió la mayoría absoluta del 20-N, sobre la cual, el autor, sin desmerecerla, puntualiza y contextualiza acertadamente: por un lado, hubo una serie de “votos prestados” por seguidores del PSOE descontentos con la gestión de Rodríguez Zapatero y, por otro lado, se produjo el desplazamiento del centro izquierda hacia el centro derecha buscando “mayor seguridad programática”.

Como vemos, la obra retrata la situación política actual: desde el triunfo del PP en las elecciones de 2011, hasta la crisis de identidad del PSOE post-Rodríguez Zapatero, sin olvidar el escenario catalán. Y, evidentemente, hablar de Cataluña, exige reflexionar sobre el independentismo. Juliana sostiene que ha aumentado en los últimos años, lo cual se debe a la existencia de un sentimiento mayoritario que piensa que “hemos sido tratados como un cuerpo extraño por la nación española, empecemos a pensar y a actuar como si fuésemos independientes. No hay prisa. No rompemos, pero no excluimos nada”. En este punto, Juliana introduce un elemento novedoso: “¿La herencia de los hermanos Maragall es el crecimiento del independentismo en Cataluña?” No tiene una respuesta en uno u otro sentido. Al respecto, sería interesante profundizar en esta hipótesis, frente a la manida explicación que otorga a la derecha española el dudoso honor de ser la gran máquina de generar independentistas.

Asimismo, el autor reflexiona sobre el Estado autonómico. Cuando lo hace, no opta por culparle de todos los males actuales, pero sí detalla pormenorizadamente sus disfuncionalidades, afirmando que “el café para todos” y “el yo no voy a ser menos” han sido los responsables de que hoy en día se encuentre en entredicho. En este punto, muestra su rechazo al fuero vasco y navarro (en concreto, a su sistema de cálculo), sin que ello, como bien explica, suponga animadversión hacia ambos pueblos. Por el contrario, esa oposición hunde sus raíces en el más puro realismo: carece de sentido que ante la crisis económica por la que atraviesa España, dos de sus territorios más ricos “no aporten nada o casi nada” a las necesidades del conjunto.

En definitiva, la obra incita al lector a que preste atención a lo que acontece en España en el presente inmediato, siempre partiendo de una base: modestia no implica ausencia de ambición y sí poner fin a la grandilocuencia.

Por Alfredo Crespo Alcázar
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