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Feijóo le baja la prima de riesgo a Rajoy

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
domingo 21 de octubre de 2012, 22:14h
Alberto Núñez Feijóo, que está entre los mejores políticos españoles, ha logrado varias victorias en una. Por supuesto, la suya propia en Galicia. Pero, inmediatamente a ella, le ha dado a su partido y a su líder, Mariano Rajoy, la primera buena noticia que ambos tienen desde que llegaron al Gobierno hace menos de un año. Y, colateralmente, ese triunfo de Feijóo también supone un mínimo respiro en esta España convulsionada por pulsiones secesionistas, por auge de los radicalismos y por desconfianza ciudadana en las instituciones y, lo que es peor, en las propias capacidades como sociedad.

Esa victoria de Feijóo palía en parte la desoladora impresión que causa la irrupción en el Parlamento Vasco de un partido como Bildu, que ha formado y forma parte del entramado de una banda terrorista en modo pausa, no apagada. Lo que supone una indescriptible humillación para un Estado democrático, y la inquieta percepción de que los asesinatos primero, y dejar de cometerlos, después, es premiado por decenas de miles de votos. Pero eso no es novedad, porque los proetarras siempre han tenido, cuando se han presentado, una fuerza electoral relevante. La diferencia es que ahora se han aproximado peligrosamente a un PNV instalado siempre en la duda metódica de si tirarse al monte o vivir en la comodidad que le reportan los privilegios insólitos de la Autonomía vasca.

Mientras en el País Vasco se diluciden los siguientes movimientos (que se resumen en dos: si el PNV seguirá en la disputa por la hegemonía nacionalista con Bildu, con un Gobierno que no incluya a esa banda, o si se echa suicidamente a sus brazos), el Gobierno de Rajoy puede ganar tiempo, que es precisamente lo que más necesita. Porque los resultados de este domingo, y a la espera de un angustioso mes hasta las catalanas, suponen un respiro valiosísimo. Un diez en estrategia para Feijóo, al hacer coincidir sus elecciones con las vascas.

Es cierto que la mayoría nacionalista en el País Vasco es ahora muy amplia. Pero nada diferente a la que ya conocimos en los años ochenta. La de ahora se explica porque los partidos nacionales están muy seriamente tocados por la crisis, especialmente el PSOE que ha pasado por Ajuria Enea con un fantasma indeciso, donde quiso rentabilizar un “proceso de paz” que le ha alejado de los suyos, como también ha dejado dudas entre los votantes del PP. Pero todo ha vuelto donde solía, el sitio donde los votantes vascos se sienten más concernidos con los partidos que consideran “de los suyos” mientras que los votantes de partidos nacionales se quedan en casa. Suicida indiferencia la suya, porque luego llega Bildu a mandar en Guipúzcoa y deja la gestión hecha unos zorros, ante su patética necesidad de silenciar que Francia existe o de hurgar en la basura de los ciudadanos, lo que bien mirado es una doble metáfora: el desprecio a la realidad y la política del basurero.

En todo caso, lo relevante en el País Vasco es que los resultados no obligan al PNV a echarse en brazos de los proetarras. Si lo hace, que es muy dudosos, será porque definitivamente ha llegado a la misma alucinación que Mas. Un órdago que pega mucho a un partido vasco, pero que cualquier jugador de mus sabe que sólo se gana si se tiene mejores cartas que el contrario, y eso habrá que verlo. Y ahora que Urkullu va a gobernar, tampoco es momento como para que se lance a la guerrilla independentista, con lo incómoda que resulta para esa burguesía vasca que quiere vivir como vive y, a ser posible, algo mejor.

Por todo esto, el resultado en las vascas no es espantoso para Rajoy, y el de las gallegas es soberbio. Es decir, que Rajoy está algo mejor que estaba, lo que se puede entender como una buena noticia por una razón: España necesita imperiosamente en este momento que su representante en los foros internacionales está liberado de presión interna. Pues, se sea o no partidario de Rajoy, hace falta que tenga bazas políticas en la mano, ya que los secesionistas políticos, y los reivindicativos sindicatos, hacen todo lo posible y lo imposible para debilitar al Gobierno y fragilizar España.

Nuestro problema es que necesitamos que Rajoy lo haga bien, porque no es una baza, sino la única con la que contamos. Y sabemos que, hasta ahora, su serenidad y su prudencia han sido mejores que peores para nosotros. Por supuesto, muchos aspiran a liderazgos carismáticos. Pero no está claro que en el momento actual de España pudiéramos sobrevivir incluso teniéndolos.

A España le queda Rajoy y el PP. Porque Zapatero consiguió la laminación del PSOE, y eso no hay Rubalcaba que lo resuelva. El erial del antiguamente hegemónico partido socialdemócrata es, entre todas, otra pésima noticia, porque su deserción como partido nacional, sus dudas existenciales, su desierto de cuadros y su titubeante ejecutoria hacen que todo el peso en el sostenimiento de la Nación caiga en unas solas manos. Y el PSOE era fundamental en al menos dos Comunidades: EL País Vasco, donde ha sufrido un histórico revolcón (aunque conservando escaños suficientes para que el PNV no tenga por qué pactar con Bildi) y en Cataluña, donde su deserción ideológica, política y de gestión ha dejado el camino expedito a los soberanistas de Mas.

Aún más: en la estrategia socialista en las Comunidades citadas se incluía la marginación del PP como partido apestado. Ahora ahí el PP no tiene fuerza, y el PSOE ha perdido la suya. Un gran negocio. Y no creo que haya que echarle la culpa a Rubalcaba exclusivamente, sino a una generación de un partido que perdió sus señas de solvencia ideológica, se sumergió en el infantilismo radical, buscó el poder con los aliados más impresentables y ya no tiene más que historia sin futuro. Hasta que alguien ponga orden en esa casa, y los demás puedan dejarle si no están atados a una correa manejada por izquierdistas y antisistema, que es en lo que estamos.

El PSOE tendrá que resolver sus cuitas, como el PP vasco las suyas. Pero si España sale de la que se nos ha venido encima, tal vez sea por el comportamiento del electorado gallego en esta jornada electoral. Porque su votación ha dado una impresión de estabilidad, de freno a la desesperanza y a la descomposición, que vale para el interior de España y también para el exterior. Los votantes gallegos nos han bajado la prima de riesgo político a todos. A Rajoy, el primero.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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