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RESEÑA

Delphine de Vigan: Nada se opone a la noche

domingo 28 de octubre de 2012, 15:43h
Delphine de Vigan: Nada se opone a la noche. Traducción de Juan Carlos Durán. Anagrama. Barcelona, 2012. 372 páginas. 19,90 €
Hay libros que se dejan a medio empezar; libros que se leen de un tirón; libros que se saborean despacio, prolongando el delicioso placer de la lectura; y otros que necesitan interrupciones voluntarias y cambios de aire porque sus páginas nos perturban demasiado. Nada se opone a la noche (del original en francés Rien ne s’oppose a la nuit), de Delphine de Vigan, traducido por Juan Carlos Duran, entra en esta categoría. Estamos ante una novela de saga familiar autobiográfica, un relato confesional profundamente sobrecogedor en el que se mezclan episodios de muerte, suicidio, incesto, enfermedad, alcohol, drogas y ataques psicóticos. A raíz del suicidio de su madre Lucile Poirier, la tercera de una familia de nueve hijos, Delphine de Vigan, su hija, narra la historia de esta familia numerosa de clase media a lo largo de tres generaciones. «Escribir sobre la familia es sin duda alguna el medio más seguro de enfadarse con ella», dice la autora, quien ha obtenido diversos premios en Francia por esta obra valiente e impúdica, que se suma a sus dos novelas anteriores e igualmente bouleversantes, No y yo (2009) y Las horas subterráneas (2010).

«Lucile tenía algo de sombrío… Esa forma de aislarse, de abstraerse, de mantenerse sobre un solo lado de la silla, como si estuviese esperando a alguien, de utilizar el lenguaje con parsimonia, de no comprometerse. Esa mezcla de belleza y ausencia, esa forma que tenía de sostener la mirada, perdida en sus pensamientos… », es la descripción que Delphine de Vigan hace de su madre, la protagonista, cuyo rostro aparece en la portada en blanco y negro. La particularidad de esta novela, más allá de su valor testimonial y catártico, es que la narradora nos acerca, en otro plano, al presente del proceso creativo, alternando hábilmente (y no menos dolorosamente) la historia con el ejercicio íntimo de la escritura: «Hoy sé el estado de tensión particular en el que me hunde esta escritura, lo mucho que me cuestiona, me perturba, me agota, en una palabra, me cuesta, en el sentido físico del término».

Para relatar el destino trágico de los Poirier, la autora ha interrogado a varios miembros de la familia, visto fotografías y películas domésticas de aquellas que se hacían en ‘super ocho’, escuchado cintas y leído diarios íntimos. La novela está dividida en tres partes. La primera relata en tercera persona la infancia de Lucile, los veranos y fiestas en la casa de vacaciones, el nacimiento de sus otros hermanos, los primeros eventos trágicos y otros episodios más dulces que vivió aquella «secreta hermandad» junto con sus padres Georges y Liane. La segunda parte aborda el nacimiento de Delphine de Vigan, la relación de su madre con su primer marido y con sus sucesivos amantes, el día a día de la autora y de su hermana durante los años escolares con una madre que entraba en un peligroso ciclo de «fases de excitación delirante y períodos de apatía profunda». Esta es sin duda la parte más difícil y personal, la más conmovedora para el lector tanto como para la propia Delphine de Vigan : «A veces sueño con el libro que escribiré después, liberada de éste», confiesa entre líneas.

El capítulo final se centra en los complicados años de madurez de Lucile, en su papel como abuela y en el presagio de su suicidio anunciado: «Sé muy bien que os voy a causar tristeza, pero resulta inevitable antes o después y prefiero morir viva». Con este libro, su recuerdo como hija, madre y abuela, permanecerá para siempre vivo.

Por Pepa Echanove
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