Políticos a tiempo parcial
José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 09 de noviembre de 2012, 18:45h
De Botellas sin cascos, Esperanzas infundadas y Arturos pelotudos. Por San Martiño, tiempo de matanza del cerdo, de castañas milongas, coplas y cuentos. Botella, Esperanza y Arturo. Tres eran tres, las hijas de Elena. Tres eran tres, y ninguna era buena.
Macro fiesta familiar en Lisboa. El botellón de Botella. Que nada ni nadie te amargue el Puente 25 de abril, el mismo que mandó construir el dictador Salazar, tan amigo del Generalísimo Franco, y desde donde se divisan unas vistas acojonantes del estuario del río Tajo.
La alcaldesa a la fuga se ha dejado las plumas en el corral, y no le queda otra que dimitir. You're fired! Regidora de ida y vuelta al Spa de Portugal en plena tragedia del Madrid Arena. ¡Botella, dimisión! Y ya puestos, que dimita también su vicealcalde Villanueva y el delegado de Economía, que aunque se apellide Calvo el Calvo es Miguel Ángel.
Ana de a pie, esposa, madre y abuela, está en su derecho de disfrutar del descanso con su familia, en soledad, en el camarote de los Hermanos Marx, o con quien le de la real gana, faltaría más. Pero Ana alcaldesa, no.
La inquilina de la Casa de Correos no ha hecho dejación de sus obligaciones con su inoportuna escapada, sino dejación del sentido común, que en este caso es mucho más grave y daría hasta para una letra de fado cargada de melancolía, nostalgia, fatalismo, angustia y frustración, cantado por Amália Rodrigues en un tugurio del barrio de Alfama por donde tantas veces me perdí siguiendo el rastro del licor de cereza que se derramaba por la comisura de tus labios.
Este fabulador, que será un pobre diablo insignificante hasta en el infierno, no se ha planteado nunca la conveniencia de dejar de ser periodista más allá de la jornada laboral, pues se supone que uno no deja de ser un tocapelotas durante las veinticuatro horas del día. Pero a lo que se ve, la alcaldesa tiene mucho más claro que un servidor la matraca de la conciliación de la vida laboral y la familiar, y la lleva a rajatabla.
Pasa que la señora del ex presidente no cayera en la cuenta del grave error que suponía su falta absoluta de tacto; pero que su señor marido, con la mili que lleva a cuestas, no la disuadiera del disparate, tiene difícil explicación. Semejante encoñamiento con tal de no perder la reserva del hotel ni tan grata compañía no tiene un pase, por más que bien lo merezca un aniversario de boda que siempre habrá tiempo de celebrarlo aunque no coincida exactamente con el día de la efeméride.
Si no es por no ir, como diría José Mota, pues bien sabemos y algunos hasta hemos comprobado que a menudo lleva más tiempo desplazarse desde el centro de la Villa y Corte hasta la periferia de la M30 que ir y volver en avión al aeropuerto de Portela. Si la señora Botella ha sido capaz de zambullirse en un baño relajante en medio del sufrimiento, y vuelve y sólo se le ocurre decir que nunca más se cederán locales municipales para encerronas de este tipo, es que no da más de sí y debería adelantar cuanto antes su retiro dorado a Sotogrande.
Los hechos, hechos son. La alcaldesa se fue de puenting cuando ya se sabía que tres chicas habían muerto y otras dos estaban en estado crítico, una de las cuales falleció el mismo sábado que doña Ana volaba por segunda vez a Sintra. Lo demás son cuentos chinos como el de la coleta blanca que ha heredado el trono de la Condesa.
Al paso que vamos, sólo nos va a quedar Esperanza, que para haberse retirado temporalmente de la primera línea de la vida política, la verdad sea dicha da la impresión de que se ha estado comiendo las uñas hasta el muñón durante sus dos primeras semanas como funcionaria de Turismo, y no ha tenido más remedio que evitar el diván del psiquiatra saltando al ruedo para decir dos cosas bien dichas: que hay que investigar a fondo la tragedia del Madrid Arena, «caiga quien caiga», y que no me toques más las narices Mariano con lo de la supuesta inconstitucionalidad del euro por receta, porque como me ponga a hablar, ni respondo. Que se ate los machos Rajoy, porque la cosa promete.
A la vejez viruela, Harrison Ford quiere volver a ser Han Solo en la nueva trilogía de Star Wars, a Mark Hamill le apetece volver a interpretar a Luke Skywalker, y a Carrie Fisher hacer de princesa Leia, 38 años después. Y a lo que se ve, Aguirre está cansada de fichar y el cuerpo le pide guerra.
Me entero que se celebra en Madrid, por tercer año consecutivo, un Congreso de mentes brillantes. Y cuál es mi decepción cuando compruebo que en la lista de ponentes no figura Arturo. Ni el Congreso podía aspirar a tanto, ni Mas a tan poco.
¿Internacionalización del conflicto? De momento lo que ha hecho Mas es pasar unos días a todo trapo en Moscú, a costa del contribuyente español. No me explicó cómo el responsable de casting de Juego de Tronos ha fichado al batería de Coldplay y no ha reparado en Sir Arthur.
Bien pudieran Mas y Oriol Pujol aprovechar este puente para girar viaje a China a ver si les dejan participar como delegados en el XVIII Congreso del Partido Comunista. A ver si así se les quitaban de golpe las ganas de hacer el canelo y decir tantas tonterías.
¿Cuántos iPad se habrán extraviado para que Jesús Posada, el afable presidente del Congreso, haya decidido no reponer a sus señorías las tabletas que pierdan, les roben o sean auto-sustraídas?
Más preocupante es, si cabe, la fogosidad telefónica a cargo del contribuyente de «los concejales de Torrevieja que llamaban a las putas desde los teléfonos móviles», según la hilarante columna de Raúl del Pozo.
Si esto que cuento acontece en España, ya no me extraña ni que un tal Lindner, fabricante polaco de ataúdes, haya tenido la ocurrencia de obsequiar a sus clientes con un calendario de 2013 atiborrado con fotos de tías en pelotas retozando sobre los diferentes modelos de féretro, a ver si así levanta la venta. Visto está que el hombre es una orgía inenarrable para cualquier freudiano ultra ortodoxo.
Tanto estudiar para ser personas de provecho el día de mañana y ahora resulta que van a ser los insignificantes microbios que habitan en las cuevas subterráneas los últimos seres vivos sobre la faz de la tierra el día que nos vayamos todos a tomar por el saco achicharrados por el calor del sol, de aquí a 2.800 millones de años, según unos eminentes científicos de la universidad escocesa de Saint Andrews.
Sin duda lo mejor, con diferencia, de la semana, ha sido la paternidad de Kiko Rivera. Lo único que hay que esperar, por el bien del retoño, es que el hijo no se parezca al padre... ni a la abuela.
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Periodista
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