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El increíble caso de Nate Silver, el adivino electoral

viernes 09 de noviembre de 2012, 18:51h
Los días previos a las elecciones estadounidenses se llenaron de encuestas que preveían un empate entre Barack Obama y Mitt Romney. Los números no estaban equivocados, los analistas sí. El empate en el voto nacional no significaba nada a la hora de contabilizar el voto electoral, que es el que realmente cuenta, es decir, el número de estados que cada candidato consiga apropiarse, sea por un punto porcentual de diferencia o por diez. De ese modo, Romney podía aplastar en todo el sur y buena parte del medio oeste rural, cosa que ha sucedido, y aun así quedarse a 100 votos electorales de Obama.

Si uno echa un vistazo al voto nacional, la diferencia no es tan grande. Aún con votos por escrutar, la diferencia está en unos tres millones a favor del presidente, algo casi insignificante sobre un total de 125 millones de sufragios. Ahí las encuestas no fallaron y efectivamente casi puede hablarse de un empate técnico (50%-48%). ¿Por qué entonces la elección no fue tan reñida como en 2000, por ejemplo, con recuentos de última hora y varias disputas judiciales? Porque en prácticamente todos los estados cruciales la ventaja era de Obama. No se trataba de una ventaja espectacular pero sí consistente: tanto en Ohio como en Pennsylvania, Colorado, New Hampshire o Iowa, el demócrata siempre estuvo por delante en los sondeos y, recuperado del cataclismo del primer debate celebrado en Denver, también consiguió una cierta ventaja en Virginia y Wisconsin, además de empatar Florida.

¿Cómo sé yo todo esto? Bastaba con seguir el blog de Nate Silver en el New York Times. Mientras todo el mundo hablaba de una elección abierta, Silver daba un 91% de opciones de victoria a Obama y un reparto de escaños de 310 a 210, porque los 29 delegados de Florida los dividía en dos –él predijo un empate total, el mismo que al final se produjo, pues aún a día de hoy no hay ganador oficial en ese estado-. La apuesta de Silver era temeraria, imaginen el ridículo de seguir las encuestas electorales durante meses, publicar cada día un análisis estado a estado con su repercusión en el colegio electoral… y que al final el 9% de Romney se imponga al 91% de Obama. Mucho más fácil decir que todo va empate, desde luego.

¿En qué se basaba el método Nate Silver? Es difícil saberlo. Colocaba las encuestas estatales por delante de las nacionales y les asignaba distintos valores. Según el volumen de la muestra o la orientación habitual de la empresa que la publicaba –igual que en España, algunas empresas de metroscopia tienden a inflar los resultados de un partido o de otro- les daba una importancia determinada en su resumen y además tenía en cuenta las desviaciones de años anteriores y la tendencia de cada estado a votar rojo o azul… Supongo que el método Nate Silver es tan eficaz porque solo Nate Silver sabe del todo como funciona, pero el caso es que llegó el 6 de noviembre y resultó que había clavado todos los resultados y a menudo incluso la diferencia final.

Silver no es un gurú, es simplemente un matemático. Durante semanas, los republicanos le acusaron de apoyar descaradamente a Obama por lo desequilibrado de sus predicciones, pero no hay nada que invite a pensar una predilección demócrata, simplemente un convencimiento en sus métodos. En 2008 sucedió lo mismo: aunque todos intuían una victoria azul, pocos imaginaron que llegaría con tanta contundencia. Nate Silver, sí. Acertó 49 de 50 estados y solo se le escapó Indiana, que él atribuyó a McCain y lo ganó también Obama por un 1%. Lo curioso es que uno imaginaria detrás de un trabajo así a un veterano analista curtido en mil batallas políticas, pero no, Silver apenas tiene 34 años y empezó en esto por su afición al béisbol. En 2009, después de acertar todos los puestos en disputa para el Senado, la revista Time le incluyó en la lista de los 100 hombres más influyentes del mundo.

Para tener 31 años, no estaba nada mal.

¿Sería posible un Nate Silver en España, donde al fin y al cabo el número de votantes es menor y el margen de error por tanto debería ser más pequeño? No lo sé, supongo que alguien lo habrá intentado. Lo cierto es que tras algunos desmanes en los 90, las actuales encuestas son relativamente fiables y rara vez se equivocan. Ahora bien, la precisión de Silver parece imposible de alcanzar, menos en un país donde la gente tiende a avergonzarse cuando reconoce su filiación política, recurre a menudo al engaño y además hay una ley electoral muy confusa a la hora de repartir los escaños, donde una décima puede cambiar un resultado y hay muchos partidos compitiendo a la vez. Sería interesante que alguien le hiciera una oferta a este tipo, solo por ver qué pasa. Claro que la pregunta sería: ¿Con qué dinero?

Guillermo Ortiz

Escritor, analista y profesor

GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.

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