www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Acuse de recibo

Florentino Portero
miércoles 23 de abril de 2008, 20:51h
Las pasadas elecciones generales fueron planteadas como un referéndum sobre la política seguida por Rodríguez Zapatero. El resultado es de todos conocido. Los españoles han dejado claro que para ellos el que un político mienta no es un problema; que les parece bien el proceso de revisión de los estatutos de autonomía en un sentido confederal; y, por último, que no hay inconveniente en negociar con ETA temas de política nacional.

El resultado ha tenido consecuencias en el Partido Popular. Aunque en un primer momento la mayoría estaba de acuerdo en que Mariano Rajoy continuara como líder, siempre y cuando dirigiera una renovación en profundidad, sus primeras declaraciones y gestos de renovación han despertado un generalizado escepticismo sobre si es el hombre adecuado para dirigir la nueva etapa. No ha sabido o querido hacer un análisis serio sobre las pasadas elecciones y los nombramientos realizados no responden a las expectativas creadas. Su autoridad, que es la primera condición del liderazgo, ha quedado mermada. No parece que vaya a tener serios problemas en el próximo congreso nacional del PP, pero no debería llamarse a engaño. Los que le apoyan no lo hacen porque piensan que es la opción ganadora, sino porque plantear un relevo les asusta. A fecha de hoy no tienen alternativa mejor y, como dijo San Ignacio, “en tiempos de tribulación no hacer mudanza”.

Esperanza Aguirre ha planteado un doble envite. Busca el liderazgo, a lo que tiene todo el derecho del mundo, y quiere el debate sobre el tema central, aquel que Rajoy ha hurtado al partido: porqué se han perdido las elecciones. Es un debate de estrategia, que la cohorte de Rajoy ha desnaturalizado caricaturizando la iniciativa como un intento sectario de trasformar un partido de amplio espectro en otro exclusivamente liberal.

La intervención de Rajoy en Elche y el artículo publicado por uno de sus más estrechos colaboradores, José María Lassalle, en el diario El País supone un importante paso adelante en la definición de lo que Rajoy entiende por renovación.

En primer lugar se ha hecho una invitación formal para que personas y grupos abandonen el partido hacia otras formaciones de carácter liberal y conservador. Antonio Cánovas del Castillo y José María Aznar son grandes figuras de la historia nacional porque fueron capaces de conformar grandes partidos. Con enorme sacrificio y paciencia integraron grupos heterogéneos en un partido de gobierno. En tiempos eso se llamaba patriotismo, porque con su sacrificio aportaron a la nación estabilidad y gobierno. Con sus palabras Rajoy ha de-mostrado lo grande que le queda el puesto y su muy limitada visión política.

En segundo lugar se ha puesto por escrito, y en un medio poco adecuado para tratar asuntos de la derecha, lo que no debe ser el Partido Popular. Su autor, Lassalle, hace gala de una for-midable confusión sobre lo que es el conservadurismo, el liberalismo y el neoconservaduris-mo, pero ese es su problema. Lo que sí es de interés general es el listado de referentes prohibidos. El PP, según Lassalle, no puede identificarse con Friedman, Hayek, Thatcher, Reagan, Wolfowitz, Perle y Kristol. Tomo nota y acuso recibo de que no tengo sitio entre los votantes de este PP y actuaré en consecuencia, porque yo sí me identifico con todos y cada uno de ellos, alguno de los cuales son buenos y admirados amigos desde hace años. Sólo echo en falta uno que me extraña haya quedado fuera de la lista: José María Aznar. El artículo de Lassalle es el complemento necesario, por aclaratorio, del discurso de Rajoy en Elche.

El giro que intenta dar Rajoy hacia su izquierda tiene razones fáciles de explicar aunque no tanto de justificar. Los “estrategas” de Génova han llegado a la conclusión de que sólo pueden crecer por la izquierda. Hasta ahí hay poco que discutir. Para lograrlo, y aquí llega el problema, creen que hay que rebajar el discurso, dejar a un lado posiciones de principio. Han hecho propias las interesadas recomendaciones que les hacen desde El Paísy la Cadena SERy que escuchan con una actitud tan acomplejada como poco creativa. Si repasaran las biografías de políticos como Reagan y Thatcher sabrían que se puede ganar votos en sectores tradicionalmente de izquierdas si se adoptan posiciones asentadas en principios y valores. Ni uno ni la otra eran precisamente centristas y ambos arrasaron hasta el punto de forzar a radicales cambios programáticos en los partidos de la oposición. Lassalle piensa que vivimos en un tiempo en el que eso no es posible, pero si uno se molesta en abrir un periódico descubre exactamente lo contrario ¿Es Sarkozy un hombre de centro, lo es acaso Berlusconi…? La derecha en Europa no gana por el centro, sino desde el discurso de los valores. Si analizaran los resultados de las pasadas elecciones verían lo que no quieren escuchar, que donde el PP gana más votos de izquierdas es en la Comunidad de Madrid. Pero para hacer una política de valores hay que creer en ellos y eso no se improvisa. El atajo aparente es hacerse perdonar la condición de liberal-conservador, pero ese atajo es sólo una ilusión. No existe y, además, traerá consigo una sangría de votantes que no tienen duda de que son liberales o conservadores, que se sienten muy orgullosos de serlo y que están cansados de tanta indecisión y falta de liderazgo.

Como José María Aznar señaló al principio de la pasada legislatura, nos encontramos ante un “cambio de régimen”. Rodríguez Zapatero se ha convertido en su abanderado, ante el rechazo generalizado de la mayoría de los votantes populares. Sin embargo, desde hace unos años estamos viendo como dirigentes regionales y cuadros del PP asumen con alegría este proceso a la espera de recibir más competencias, más dinero y más puestos a ocupar. Algo que Rodríguez Zapatero había previsto que ocurriría y que, a medio plazo, acabaría con las resistencias del Partido Popular a su política. Lo ocurrido con los estatutos valenciano y andaluz produjo escándalo, pero sólo fue el comienzo. En esta deriva no es de extrañar que quien busca el voto fácil rehúya posiciones de principio y se sume a la corriente. También ayuda a entender lo que está ocurriendo el hecho de que para muchos dirigentes regionales un liderazgo débil en Génova no sea precisamente un problema.

Lassalle nos adelanta que el núcleo ideológico de la renovación en marcha será un “liberalismo igualitario”, una expresión a no olvidar sólo comparable al “pensamiento navarro” de D. Pío o al “islamismo moderado” de tantos publicistas políticamente correctos. Ese no sólo es el camino de la confusión sino también de la merecida derrota. O el PP entiende que en el siglo XXI la política es, sobre todo, una disputa en el terreno de la cultura, y realiza los cambios necesarios para vencer ahí, o puede ir acomodándose para una larga estancia en los bancos de la oposición. Mientras tanto algunos, como quien estas líneas escribe, ya sabemos donde no somos bien recibidos.

Florentino Portero

Profesor

FLORENTINO PORTERO es analista del Grupo de Estudios Estratégicos, responsable del Área de Política Exterior y de Seguridad española

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+
0 comentarios