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Singularidades de nuestra crisis económica

miércoles 23 de abril de 2008, 20:58h
“Todas las familias felices son iguales; cada familia infeliz es infeliz a su propia manera” nos dice Tolstói al comienzo de su Anna Karenina. Con los ciclos económicos ocurre algo parecido. No es que las etapas de bonanza sean todas iguales y las de descenso desiguales. Lo que sucede es que las fases de caída despiertan más inquietud y se escrutan más minuciosamente que las etapas de auge. Sea como fuere, lo cierto es que la debilitación que está sufriendo la economía española tiene rasgos singulares que la diferencian de otras etapas recesivas.

La virulencia con que se está desacelerando nuestra economía y la consiguiente frecuencia con que los economistas están revisando a la baja sus previsiones de crecimiento para este año y el siguiente es un fenómeno desconocido en nuestro país. Desde luego no tiene nada que ver con la suave y breve desaceleración registrada por nuestra economía en el año 2001. Tampoco es comparable con lo acaecido a comienzos de los noventa. Entonces, la etapa ascendente del ciclo alcanzó su auge en el año 1990 comenzando a partir de ahí una desaceleración que alcanzó su sima a finales de 1993, el único año de nuestra historia reciente en el que el PIB registró una tasa de variación negativa. La singularidad llamativa de este cambio de ciclo es el súbito y brusco ajuste del ritmo de crecimiento. Según el último consenso de previsiones, el crecimiento interanual descenderá desde cifras cercanas al 3,5% en los últimos meses del pasado año hasta situarse alrededor del 1% a finales de este año. Si lo expresamos en términos de crecimiento medio anual, la economía española pasará del 3,8 alcanzado en 2007 a cifras cercanas al 2% y al 1,5% en 2008 y 2009 respectivamente.

La causa motriz de este ajuste es la caída del sector inmobiliario y del sector de la construcción residencial, dos sectores hermanados cuya extraordinaria pujanza contribuyó decisivamente a la vigorosa etapa expansiva vivida por la economía española durante los últimos doce años. La caída de estos sectores es un fenómeno habitual en cualquier cambio de ciclo. Ahora bien, lo normal es que dicha caída sea consecuencia y no causa de la inflexión del ciclo. La causa de muerte habitual del auge cíclico suele ser el veneno acumulado en el organismo económico por desequilibrios como la inflación o el endeudamiento excesivo de unos u otros agentes económicos. Estos desequilibrios terminan provocando subidas de los tipos de interés que frenan el crecimiento de la renta y del empleo propagando oleadas recesivas que afectan tanto a la construcción como a otros sectores económicos.

En esta ocasión, ciertamente ha habido una subida de los tipos de interés, pero no de suficiente intensidad como para justificar la brusquedad de la desaceleración. El hecho excepcional ha sido la subida especialmente intensa de las primas de riesgo a los prestatarios del sector de la construcción residencial, acompañada de un despliegue arrollador de expectativas bajistas del precio del suelo y de la vivienda. La causa fundamental de estos movimientos de las expectativas del precio de los inmuebles y de la prima de riesgo, que se ha hecho infinita para algunos prestatarios, ha sido la crisis financiera internacional con epicentro en el sector inmobiliario de la economía norteamericana. Si no hubiera sucedido esta crisis, los aumentos de tipos del BCE hubieran ocasionado igualmente un ajuste del sector residencial y del conjunto de nuestra economía, pero este debilitamiento hubiera seguido pautas más tradicionales y se habría extendido durante un periodo más prolongado.

Esto le confiere un aspecto novedoso al ajuste cíclico de la economía española, un aspecto que puede ser positivo o negativo para las posibilidades de crecimiento futuro. Un proceso de ajuste tan concentrado en el sector de la construcción residencial puede ser más intenso pero también más breve. Dependerá en parte de la evolución de la crisis financiera internacional, y en parte de la capacidad de la política económica para sentar nuevas bases de expansión que permitan un rápido retorno a sendas de crecimiento económico elevado. Aunque se restaure la confianza en los mercados financieros internacionales, sin embargo, si la política económica rehuye efectuar reformas que flexibilicen nuestros mercados y configuren nuevos resortes de crecimiento, será difícil alcanzar ritmos de avance del PIB consistentes con el pleno empleo de nuestros recursos productivos.

José Luis Feito

Economista

JOSÉ LUIS FEITO es licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, economista y técnico comercial del Estado

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