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critica de cine

"La parte de los ángeles": Ken Loach en clave de comedia

domingo 18 de noviembre de 2012, 14:41h
El trabajo del prestigioso director inglés siempre ha estado caracterizado por una mirada social comprensiva con los más desfavorecidos y crítica con los abusos del sistema, y en esta ocasión pone su atención en la actual generación de jóvenes, que lo tiene especialmente difícil para abrirse camino en el mundo laboral. Loach ha contado que fue el pasado año cuando empezó a interesarse por el tema para reflejarlo en una película, el momento en el que supo que en Inglaterra el número de jóvenes en paro había alcanzado, por primera vez, la cifra de un millón. Quiso que su protagonista, Robbie, fuera uno de estos jóvenes de pasado complicado, cada vez más metido en líos y sin ninguna perspectiva de futuro. En todo caso, en su último filme, Loach apela claramente a la esperanza, a las segundas oportunidades y, sobre todo, a la aparición – casi providencial – de otro personaje, Harry, capaz de entender realmente por lo que está pasando el protagonista, de ver lo bueno que hay en él y de implicarse personalmente para ayudarle, ofreciéndole consejos, amistad y su propia casa. Y lo más importante de todo, sin juzgarle.

A Robbie, a quien da vida Paul Brannigan, que debuta muy prometedoramente en el cine con esta cinta, le conocemos durante el juicio en el que se le condena a cumplir una pena de trabajos comunitarios por su última pelea callejera con unos matones que le persiguen a causa de diversos asuntos pendientes. Uno de estos asuntos es su relación con Leonie (Siobhan Reilly), con quien está a punto de tener su primer hijo. La familia de la chica le considera un fracasado y, aunque ella es la única que puede conseguir que Robbie busque una salida a la vida que lleva, tampoco en esto parece tenerlo fácil. En todo caso, Loach utiliza ese importante hecho en la vida de un hombre – el nacimiento de su primer hijo – para impulsar las ganas de Robbie de encontrar un camino y será Harry, interpretado por el conocido actor británico de televisión John Henshaw, quien ponga en marcha el mecanismo de “salvación”. Harry sabe en primera persona lo que es perder el trabajo y la familia, pero ahora se dedica a ayudar a los demás: es el encargado de dirigir y vigilar los trabajos comunitarios a los que son condenados chicos como Harry. Intenta, además, acercarse a ellos desde el punto de vista humano, de manera que el grupo formado por Robbie y otros tres chicos en una situación precaria similar a la suya, Albert, Rhino y Mo, - estupendos y logrados personajes secundarios - tendrá la indudable suerte de contar con él para esa segunda – o última – oportunidad, con la que, a pesar de todo, siguen soñando.

Gracias a un viaje que organiza Harry a una destilería de whisky cercana a Glasgow, ciudad donde el guionista Paul Laverty, habitual colaborador de Loach, ha situado la acción, Robbie descubre que posee un innato talento especial: es un gran degustador de esta bebida. Poco a poco, mientras intenta seguir su relación con Leonie sin que los matones vuelvan a enviarle a la cárcel o al hospital, Robbie y sus nuevos amigos empiezan a interesarse por el mundo que rodea a la mítica bebida, descubriendo sus secretos y encontrando en los coleccionistas de whisky la posibilidad de intentar ser merecedores, por fin, del necesario golpe de suerte que les abra un camino. La forma en la que se desarrolla el plan, el viaje de los cuatro amigos al norte de Escocia y la forma en la que se introducen en ese mundo tan alejado en principio a ellos, es la demostración de que el cine de Loach siempre tiene cosas originales e importantes que contar y que su manera de hacerlo es realista, sin renunciar por ello a la ironía que caracteriza precisamente a los habitantes de las tierras altas. Allí es donde se llama “la parte de los ángeles”, título de la cinta, a ese precioso porcentaje de whisky que se evapora, escapando así de los hombres y del recaudador de Hacienda.